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Para bien o para mal, cuando eras niño
integraste a tus padres dentro de ti.
Quizá. te hayas sorprendido
alguna vez diciendo: "Acabo de hablar como mi padre."
"¡Pero bueno, si estoy actuando como mi madre!." "¿Por
qué estoy haciendo esto?, mi madre (o mi padre, o ambos) solían
hacerlo". "Odiaba que ellos lo hicieran y aquí estoy,
haciéndolo yo también."
Si crees que no has integrado los comportamientos de tus padres, ¿cómo
es que en momentos cruciales te conduces compulsivamente como ellos,
incluso aunquew no quieras?
Es
fácil entender por qué en la niñez emulamos las conductas y las
características positivas de los padres, pero resulta más difícil
comprender por qué imitamos sus conductas negativas. Curiosamente, los
estudiosos no han dado demasiada importancia a este galimatías. Si en
la infancia condenamos lo negativo de nuestros padres, ¿por qué
entonces asimilamos los mismos hábitos autodestructivos? La pregunta
que todos debemos hacernos es: ¿Por qué hemos hecho lo mismo con
nosotros?
En 1967 expuse la explicación de lo que denominé síndrome
del amor negativo. El amor negativo es el impulso humano más
paralizador; es la adopción de las conductas, estados de ánimo,
características y mensajes negativos (abiertos o encubiertos) de
nuestros padres. Por causa del amor negativo, en la infancia adquirimos
estos comportamientos a fin de:
1) no superar a nuestros padres, con la
esperanza de que ellos nos acepten y nos amen y
2) para castigarlos
subconscientemente, como venganza por habernos reducido a su propio
nivel. ¿Cuál es el resultado? Vergüenza, culpa y autocastigo.
Con la
primera parte de esta reacción, pedimos a nuestros padres que nos
acepten por ser como ellos; con la segunda expresamos disimuladamente
nuestro resentimiento por sus limitaciones. Cuando reflejamos a nuestros
padres sus propios errores, les molestamos, les enfurecemos, les hacemos
sufrir y sentirse culpables: es la venganza por no recibir su amor y
aceptación constantes. Por supuesto, en la balanza final los que más
sufren de vergüenza, culpa y autocastigo somos nosotros.
Hay quienes se
enfrentan incluso a la muerte para poder justificar y cumplir sus fines
vengativos. ¿Tiene algún valor reaccionar así ante los padres? Sí,
lo tiene en un mundo al revés: el amor negativo es lógica ilógica,
cordura loca, razón sin razón. Es poderoso porque es un dilema sin
solución. ¿Qué otro motivo induciría a elegir esta actitud?
El amor
negativo es una pescadilla que se muerde la cola: sólo se gana cuando
se pierde. Se sufre y, lo que es peor, también sufren los hijos de los
que sufren, puesto que los comportamientos se transmiten. Como dice la
Biblia, "los pecados de los padres recaerán sobre los hijos de
generación en generación."
El Proceso Intensivo no pretende
erradicar todas las llamadas conductas negativas. Hay momentos en los
que se justifica un comportamiento aparentemente negativo. Hay ocasiones
en las que es apropiado enfadarse. Por ejemplo, una mujer acosada por un
hombre que la quiere violar hace uso de sus conocimientos de kárate, le
propina al atacante una patada en la ingle y lo deja fuera de combate.
Ha utilizado con todo derecho rasgos de indignación justiciera y
hostilidad agresiva.
Existe una diferencia entre el rasgo que nos
utiliza y el que nosotros utilizamos. La conducta programada, compulsiva
y autodestructiva que se basa en el amor negativo nos utiliza y abusa de
nosotros. Una vez que nos desembarazamos de la programación negativa,
recuperamos por entero el libre albedrío y la capacidad para elegir la
conducta adecuada. En el síndrome del amor negativo, hay tres modos
básicos de reaccionar:
1.Trascendencia. En el caso de algunos rasgos no
emotivos, a veces somos capaces de trascender las características
negativas de nuestros padres sin sentir conflicto interno. Pero
desafortunadamente muy pocos rasgos se trascienden cuando aún no se ha
erradicado el síndrome del amor negativo.
2 Adopción. Esta es la
reacción más común, la de adquirir por completo los rasgos
parentales. Por ejemplo, podemos adoptar un rasgo negativo como la
"crítica" y después a) ser crítico con nosotros mismos, b)
criticar a los demás, o c) conseguir que los demás nos critiquen. Si
además el rasgo proviene de la madre y del padre, es doblemente
devastador y resulta casi imposible rebelarse contra él.
3 Conflicto.
Adoptar el rasgo y al mismo tiempo rebelarse contra él puede provocar un
interminable tira y afloja interno. Supongamos que a uno le disgusta una
característica de uno de sus padres sus consecuencias; así pues, lo
elimina y adopta una conducta alternativa. Pero aun actuando de la forma
alternativa, la voz negativa interior no se acalla y lo arrastra en la
dirección opuesta. Es un conflicto de tira y afloja: a veces procedemos
con la conducta adoptada y a veces con la alternativa. Este vaivén
genera una ansiedad y un conflicto aun mayores.
Es preciso recordar que
al adquirir los rasgos de ambos padres con el fin de no superarles, nos
vemos forzados a desempeñar los dos papeles. Por ejemplo, la madre es
tranquila y apaciguadora, jamás expresa rabia; el padre, por su parte
es hostil y agresivo. Exteriormente, el hijo se comporta como su madre,
pero la hostilidad interna reprimida en su interior es como la lava
hirviente de un volcán en espera del momento adecuado para entrar en
erupción Se ha demostrado que las personas que maltratan a sus hijos
fueron a su vez objeto de vejaciones en la infancia. He aquí un claro
ejemplo del síndrome del amor negativo.
En la dolorosa agonía de su
niñez, quizá se juraron a sí mismos que cuando crecieran y tuvieran
hijos nunca les pegarían ni se comportarían como sus padres lo
hicieron con ellos. Pero en la madurez rara vez son capaces de vivir
conforme a esas buenas intenciones. Si lo consiguen, el impulso
emocional oculto se manifiesta en alguna otra forma de comportamiento
destructivo. Lo normal, sin embargo, es que estas personas, que fueron
maltratadas cuando niños, acaben golpeando y zahiriendo a los hijos a
pesar de sus buenas intenciones. Cada vez que lo hacen, su propio Niño
interior llora y grita en silencio: "¿Ves, mamá, papá? Hago
daño a mi hijo y le pego como tú me pegabas a mí. No soy mejor que
tú, no te he superado, soy como tú. ¿Me querrás ahora?".
Mientras maltratan a sus hijos también sienten remordimiento, pero al
igual que los alcohólicos y los drogadictos, no tienen fuerza para
detenerse. Ciertas organizaciones como Alcohólicos Anónimos, las
instituciones para la prevención de malos tratos a la infancia y las
asociaciones de padres han conseguido aliviar la culpa y el
remordimiento que aniquilan a este tipo de individuos.
No obstante, se
puede ir más allá: el impulso inconsciente de maltratar a los hijos se
puede erradicar, cuando se ha comprendido el síndrome del amor negativo
que lo origina. Analicemos ahora un problema menos dramático pero
igualmente paralizador. Se trata del caso de una joven que tuvo lo que
ella consideraba una infancia, una vida hogareña y unos padres normales
y agradables. Su padre la adoraba, si acaso, la amaba en exceso; ella
era su hija favorita, la niña de sus ojos. Al crecer se convirtió en
una mujer incapaz de aceptar una relación amorosa con ningún hombre,
pues hacerlo era permitir que alguien superara a papá, nadie podía ser
mejor que su padre para ella, no fuera a ser que él dejara de quererla.
Por mucho que deseara el amor en su
había en ella clamaba: "¿Ves papá?." No dejo que nadie
intime más conmigo ni me ame más que tú. Nunca habrá nadie más
importante para mí, siempre seré tu hijita. ¿Me sigues
queriendo?". Y de esta forma se vengaba subconscientemente de su
padre por haberla amado demasiado
.
Ahora piensa en la preocupación de
su padre porque ella no se ha casado ni le ha dado nietos, lo cual
refleja su ineptitud como padre, y pone de manifiesto su sentimiento de
culpa por no haber encaminado correctamente a su hija hacia una vida
plena. Aquí hacen su entrada la vergüenza, la culpa y el autocastigo.
Y es que, irónicamente, cuando está en funcionamiento el amor negativo
fracasan incluso los padres mejor intencionados. Por mucho que se
esfuercen, igualmente pierden: dilema sin salida. En el otro extremo
tenemos a los niños que nunca se sintieron queridos ni aceptados por
uno de sus padres o por ambos. Los adultos con este pasado anhelan e
idealizan el amor que han leído en los libros o visto en el cine o la
televisión, pero su programación negativa "no mereces amor",
impide que sus sueños se conviertan en realidad. Aun cuando tratan de
representar el papel y mostrarse cariñosos el programa interior
negativo destruye compulsivamente el intento. Es la encarnación de una
profecía que se cumple una y otra vez y que debe exorcizarse, o
continuará hasta que la muerte nos lleve de este mundo.
Con el fin de
ilustrar las fases de la adopción de los rasgos del amor negativo,
vamos a utilizar las pautas caracterizadas por las expresiones "indiferente", "nada afectuoso", "incapaz de
prestar apoyo" y a seguir los pasos de esa programación
sadomasoquista de lógica ilógica, cordura loca y razón sin razón.
1.
La madre, el padre o ambos no demuestran cariño, respaldo ni amor, ni
entre ellos ni a su hijo.
2. El niño aprende y adopta este
comportamiento para comprar el amor de sus padres. Su respuesta
inconsciente es: a) "¿Ves, mamá (o papá)? Ahora soy como tú, ni
doy ni me merezco amor. No soy mejor que tú, ¿me querrás ahora?"
b) "Vale, no te importo, no me apoyas ni me quieres. ¡Ya verás!
Te voy a reflejar tu propia conducta negativa. ¿A que tampoco te gusta
verla en ti?"
3. "Ja, ja, ya no me importa nada lo que me pase
si al menos me desquito contigo." (Venganza.)
4 "¡No, por
favor! ¡Ahora sí que la he fastidiado! Ya no me querrás nunca más.
Me siento avergonzado y culpable."
5 "Bueno, para mitigar la
culpa, puedo conseguir que los demás me rechacen y así cumplir tu
programa de que no merezco amor."
6. "Para continuar siendo
indigno de amor voy a adoptar y a utilizar los rasgos negativos de los
dos, voy a rechazar y a reprimir mi esencia positiva innata, exactamente
como vosotros.". ¿Qué es esto si no autocastigo?
7. "¿Me
querréis ahora? Soy igual que vosotros". Es un círculo vicioso
terrible y demoledor: adoptamos los rasgos negativos para obtener amor,
pero a consecuencia de ellos nos sentimos culpables, indignos de amor,
incapaces de dar amor libremente, por el sencillo motivo de darlo. En
lugar de ello, elegimos el autocastigo: drogas, alcohol, violencia
familiar, conducta delictiva y otras actitudes negativas que tienen su
raíz en el síndrome del amor negativo. Observemos el tira y afloja de
una persona que creció sintiéndose amada por uno de sus padres y no
por el otro. Gracias al amor positivo recibido; este adulto demuestra
afecto a su cónyuge, pero intervienen los mensajes del amor negativo
procedentes del padre que no lo quería y crean situaciones de rechazo.
En la obra "Por tu propio bien" de la doctora Alice Miller,
aunque no se identifica explícitamente el síndrome de amor negativo,
se defiende la premisa de que la programación infantil es la razón de
la conducta negativa. En su libro anterior, "El drama del niño
dotado", relata una interesante anécdota sobre Marie Hesse, la
madre del famoso poeta y novelista Herman Hesse. En su diario, Marie
Hesse describe cómo sus padres consiguieron anular su voluntad a los
cuatro años. Más tarde el comportamiento desafiante de su hijo Herman
a esa misma edad le producía tal sufrimiento que se vio "obligada" a tomar medidas contra el niño. Hasta que Herman
cumplió los quince años, Marie intentó anular la voluntad de su hijo
igual que su madre había hecho con ella, Ilegando incluso a meterlo en
un correccional «por su propio bien», como para decirle a su propia
madre: "Mamá ¿me querrás ahora?". No es más ; que otro
ejemplo rotundo de cómo se transmite el amor negativo de generación en
generación.
El libro "Mi madre, yo misma" de Nancy Friday
contiene muchas muestras del síndrome del amor negativo. Una de ellas
es, el siguiente testimonio de la relación de una mujer con su madre:
"Si tan sólo hubiera podido decirle a mi madre cuánto la quería
antes de que muriera...», me dice una mujer. «Tenía sus defectos,
pero éstos sólo eran actos reflejos. No podía evitar reñirme y
criticarme, igual que no puede dejar de estornudar cuando le pica la
nariz. Formaba parte de su sistema nervioso. Ahora ya no podré decirle
lo que sentía realmente por ella, es demasiado tarde."
Nancy
Friday comenta más adelante: Esta conversación me parece espeluznante,
triste y desconcertante. Si acaso, esta mujer es incluso más quejosa y
crítica que su madre, lo que la ha conducido al divorcio y a apartarse
de su hija. ¿Por qué, si hemos tenido una relación destructiva con
nuestra madre le damos la vuelta cuando muere y de pronto sólo hablamos
de nuestro amor por ella? A continuación Nancy Friday sugiere una
razón: "La forma habitual de evitar el miedo a ver lo que odiamos
de nuestra madre es dejarnos llevar por el sentimentalismo".
Este
sentimentalismo constituye una "defensa contra la rabia",
según su colega el doctor Robertiello, a quien Nancy cita. Sin duda
alguna esto es cierto, pero consideremos otra posibilidad. ¿No estaba
esta mujer ciega ante su ceguera? Sin tener conciencia de ello
representaba automáticamente el síndrome del amor negativo. Su niña
interior susurraba tres cosas:
1) "¿Ves, mamá? Soy como tú. ¿Me
querrás ahora?";
2) "Ay, mamá no era culpa tuya; porque si
te culpo a ti también tendré que culparme yo y eso sería muy doloroso".
3) "Entonces, lo que haré será defenderte y
decir que no lo podías evitar, que formaba parte de tu sistema
nervioso, y por lo tanto también del mío. Si te defiendo, me defiendo
a mí misma. ¿Me querrás ahora? Si tú me quieres, quizá yo también
pueda amarme". A pesar de su razonamiento defensivo, de intentar
disfrazar con perfume el hedor del vertedero, astutamente se venga de su
madre (haya muerto o no) al reflejarle su conducta negativa. La
reivindicación de la memoria de su madre y la justificación de su
manera de actuar nacen de la negación de sí misma, la necesidad de
defenderse, la vergüenza y la culpa. Esto no le devuelve a su madre, no
le compra el amor materno que le faltó de niña, ni le procura
felicidad en el amor.
Es otro círculo vicioso. La ceguera y la
necesidad de venganza han producido su fruto amargo y ha perdido a su
marido y a su hija. Siempre ha sido difícil definir el amor, pero
podríamos considerar esta posible definición: El amor es la bondad
emocional que emana del alma y del corazón y se vierte y derrama
primero en uno mismo y luego en los que nos rodean. La verdad primordial
de esta definición es que nadie puede dar amor a menos que lo posea. Lo
que suele confundirse con amor es meramente el fingimiento o
representación del amor con el fin de recibir o conseguir el afecto de
los demás. El verdadero amor sólo puede manifestarse cuando nos
aceptamos y nos amamos a nosotros mismos. Entonces sí podemos dar por
dar y dejar de preocuparnos por lo que recibimos a cambio. Lo que es
nuestro lo tendremos en cualquier circunstancia.
El amor negativo es una
adicción compulsiva que mina nuestra capacidad para amar con libertad.
Este amor negativo nos ha dominado demasiado tiempo. ¿No es ya hora de
que nos desenganchemos de nuestros padres y superemos el
"mono"? Cuando niños nos esforzamos siempre por ganarnos el
amor de nuestros padres. Para ello pagamos un precio muy alto. En esa
identificación negativa con los padres, de hecho uno traiciona a su
alma y la entierra bajo el barro y el fango del comportamiento de amor
negativo.
Este libro trata precisamente del modo de recuperar la
verdadera esencia y limpiar la negatividad que la cubre: La ceguera ante
la ceguera es la causa de que vivas descorazonado y sin libertad. No
desesperes, todavía puedes hacer algo, pero si deseas liberarte tienes
que poner las cartas sobre la mesa, hacer un esfuerzo sincero para
averiguar quién eres y en qué te has convertido. Debes atreverte a
cruzar el dolor emocional de tu infancia para salir por el otro extremo
del túnel. El sufrimiento será profundo, pero breve. Es mejor
enfrentarse a él de una vez por todas que cargar con el pesado fardo de
programación automática del amor negativo durante toda la vida. A1
otro lado te esperan la libertad, la autoaceptación, el perdón y el
amor por ti mismo.
Personas de 15 a 79 años han logrado con éxito
arribar a este puerto. ¿Quién dijo que no eres capaz de realizar
tareas difíciles? Fueron tus padres, aun cuando lo hayan hecho sin
darse cuenta o pensando que hacían exactamente lo contrario. ¿Dónde
si no lo habrías aprendido siendo un niño? Por causa del amor
negativo, te tragaste esa mentira y ahora te pasas la vida ideando
métodos refinados (llamados adicciones) para eludir el auténtico dolor
que es causa de tus problemas. Temías que encarar la realidad de tu
dolor sería insoportable y por eso has elaborado técnicas de evasión,
con la esperanza de que el sufrimiento desaparezca si no lo ves. Una de
las más mayores mentiras que te hicieron creer tus padres es que no
puedes enfrentar el dolor, el sufrimiento y las situaciones difíciles.
Sin embargo, como adulto no tienes por qué renunciar y fingir que el
dolor no existe. Enfrentándote a la verdad podrás deshacerte de la
programación, nadie va a hacerla desaparecer con una varita mágica.
Como decimos a nuestros alumnos: "Eres tú quien debe hacer el
trabajo del Proceso. Aquí no hay hadas madrinas, el único héroe eres
tú, tú eres tu propio salvador. Con ayuda y orientación saldrás a
flote.
Piensa, ¿quién va a tomar las riendas de tu destino? ¿Tu
madre, tu padre, sus mensajes, rasgos y personalidad, o tu verdadero Yo?
La cuestión no es tan complicada e insuperable como pueda parecer, de
hecho es muy sencilla, aunque no fácil. La lucha es ardua, pero la
recompensa final es una vida de amor y armonía". Entre los
programas negativos más destructivos se encuentra el de la anulación o
invalidación automática, que el hijo aprende por imitación del rasgo
del padre, de la madre o de ambos, o bien porque ellos lo anulaban a
él.
Algunos de los peores mensajes de anulación (abiertos o
encubiertos) son los siguientes:
"Nunca llegarás a ninguna
parte"; "No vales para nada"; "No hay nada que hagas
bien"; "No eres nadie, nunca tendrás éxito, ni lo intentes,
¿para qué molestarte?"; "Eres un perdedor"; "No
mereces amor".
Los hábitos de autoanulación crean a su vez la
base sobre la cual fundar la actitud de "tirar la toalla" y
preparan el camino hacia la resistencia a recibir ayuda. En lugar de
responsabilizarse de su propia resistencia, los alumnos suelen
transferirla a los demás y a culparlos. Es como cuando uno se golpea en
la cabeza con la puerta de un armario de la cocina y después la cierra
furiosamente de un portazo. Esto sucede sobre todo cuando entre las
características del alumno se encuentran las de "criticar, juzgar
y culpar" a los demás. Con estos comportamientos uno opone
resistencia y anula el verdadero Yo interior. Esto perpetúa la
neurosis, ese estado de sentirse indigno de amor.
La rueda del
infortunio ya ha dado una vuelta completa. ¿No fue el mensaje "Soy
indigno de amor" el que empezó todo este absurdo? Basta con
aplicar la pauta de invalidación al Proceso para que la profecía
vuelva a cumplirse y nos derrote; también se podría esgrimir para
perpetuar la actitud "pobre de mí, mártir y víctima". Sin
embargo, cada rasgo negativo tiene un uso positivo. Por ejemplo, al
hacernos concientes de nuestra inconsciencia, podemos aplicar la pauta
de anulación para anular la anulación misma y soltarla temporalmente.
Así descubrimos que es posible superar la barrera de la resistencia
tozuda, saltar al campo de la autovaloración positiva y emprender el
camino hacia la paz y la serenidad interiores.
Cualquier programación
puede desprogramarse, siempre hay esperanza de vivir la vida con paz y
amor en el presente y en el futuro. Lo tenemos todo, nuestro verdadero
yo positivo está siempre con nosotros. Desgraciadamente nuestros
padres, debido a su propia negativa de la infancia, no sabían cómo
alimentar nuestra esencia de perfección, sus padres tampoco nutrieron
las suyas, nunca les enseñaron a respetarse y a amarse, ¿cómo iban a
enseñarnos algo que no sabían? Si hubieran podido honrar su esencia,
habrían honrado la nuestra y la habrían cuidado con amor incondicional
y un fuerte sentido de seguridad interna.
Una vez descubierto; analizado
e investigado el síndrome del amor negativo como el «virus» que
produce el "cáncer" de los comportamientos y rasgos negativos
adoptados, la solución empieza a despuntar. La clave está en la
palabra adoptados, porque significa que no son innatos ni genéticos. Lo
que se adopta puede desadoptarse. No es fácil, pero es posible.
El
Proceso Intensivo Hoffman proporciona los medios. Parte de nuestro
trabajo consiste en clasificar cientos de comportamientos adoptados en
grupos. Como ejemplo, incluimos una lista de cincuenta y cinco rasgos,
actitudes y mensajes negativos reunidos bajo el encabezamiento:
"Indiferente/Incapaz de prestar apoyo", que es uno de los
grupos más importantes. La columna derecha muestra las antítesis de
los rasgos negativos que aparecen en la izquierda. Después de leer
ambas listas, deberías empezar a sopesar por qué, conociendo las
consecuencias, eliges tan a menudo el rasgo negativo en vez del
positivo. He aquí la lista: Sería conveniente que marcaras los rasgos
negativos que utilizas compulsivamente siempre o a veces, y que después
repasaras la lista señalando con una M las pautas de comportamiento de
tu madre y con una P las de tu padre.
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