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El
místico, dotado de talentos naturales... y siguiendo... la instrucción
de un maestro, entra en las aguas y descubre que sabe nadar, mientras
que el esquizofrénico, sin preparación, sin guía y sin talentos, ha
caído o se ha lanzado intencionalmente y se está ahogando.
Joseph
Campbell, Myths to Live By
Sentimientos
de unidad con el Universo.
Visiones e imágenes
de tiempos y lugares lejanos.
Sensaciones de vibrantes corrientes de energía que recorren el cuerpo,
acompañadas de espasmos y violentos temblores. Visiones de deidades,
semidioses y demonios. Vividos rayos de luz brillante y colores del arco
iris. Temores de locura inminente, incluso de muerte.
Cualquiera que experimentara tan extremos fenómenos
mentales y físicos seria rotulado inmediatamente como psicótico por
parte de la mayoría de los occidentales modernos. Sin embargo, una
cantidad creciente de personas parece estar teniendo experiencias
desusadas semejantes a las descritas anteriormente y en lugar de
sumergirse en forma irrevocable en la insanía, a menudo emergen de esos
extraordinarios estados de la mente con una agudizada sensación de
bienestar y un nivel mas alto de desempeño en la vida cotidiana. En
muchos casos, se curan en el proceso antiguos problemas emocionales,
mentales y físicos.
Hallamos muchos paralelos de tales instancias
en la historia de vida de santos, yogis, místicos y chamanes. De hecho,
la literatura espiritual y las tradiciones de todo el mundo confirman el
poder curativo y transformador de esos estados extraordinarios para
aquellos que los experimentan. ¿Por que, entonces, casi invariablemente
se considera como enferma mental a la persona que tiene tales experiencias
en el mundo de hoy?
Si bien hay muchas excepciones individuales,
de las corrientes predominantes la psiquiatría y la psicología en
general no hacen ninguna diferenciación entre misticismo y enfermedad
mental. Esos campos no reconocen oficialmente que las grandes tradiciones
espirituales dedicadas por milenios al estudio sistemático de la
conciencia humana tengan nada que ofrecer. Así, los conceptos y practicas
de las tradiciones místicas budista, hindú, cristiana, sufi y otras, son
ignorados y desechados indiscriminadamente.
En este ensayo exploraremos la idea de que
muchos episodios de estados inusuales de la mente, incluso aquellos que
son dramáticos y alcanzan proporciones psicóticas, no necesariamente
son síntomas de enfermedad en el sentido medico. Los vemos como crisis de
la evolución de la conciencia, o "emergencias espirituales",
comparadas con los estados descritos por las diversas tradiciones místicas
del mundo.
Antes de discutir mas específicamente el
concepto de emergencia espiritual, observemos con mayor atención la
relación entre psicosis, enfermedad mental y misticismo, y los
desarrollos históricos que han tenido como consecuencia el rechazo de clásicas
experiencias espirituales y místicas como síntomas de enfermedad mental
por parte de la ciencia y la psiquiatría modernas.
La cosmovisión creada por la ciencia
occidental tradicional y que domina nuestra cultura, en su forma más
rigurosa es incompatible con toda noción de espiritualidad. En un
universo donde solo lo tangible, material y medible es real, toda las
formas de actividades religiosas y místicas son consideradas como
muestras de ignorancia, superstición e irracionalidad o inmadurez
emocional. Las experiencias directas de realidades espirituales son
interpretadas entonces como manifestaciones "psicóticas" de
enfermedad mental.
Nuestras experiencias y observaciones
personales durante años de dedicación a varias formas de profunda
psicoterapia experiencial nos han llevado a creer que es importante
reconsiderar esa situación en la psiquiatría y en nuestra cosmovisión
en general, para reevaluarla a la luz de la evidencia tanto histórica
como reciente. Es necesaria una revisión radical del pensamiento sobre el
misticismo y la psicosis. Una diferenciación clara entre esos dos fenómenos
posee consecuencias practicas trascendentes para las personas que tienen
experiencias de estados de conciencia no ordinarios, en particular
aquellos con un acento espiritual. Es importante reconocer las
emergencias espirituales y tratarlas adecuadamente por su gran potencial
positivo para el crecimiento y la cura personales, que comúnmente seria
suprimido en un enfoque insensible y con una indiscriminada medicación
rutinaria.
EI grupo de perturbaciones mentales conocidas
como psicosis representa un gran desafío y un enigma para la psiquiatría
y la psicología occidentales. Esos estados se caracterizan por una
profunda interrupción de la capacidad para percibir el mundo en términos
normales, para pensar y responder emocionalmente de un modo cultural y
socialmente aceptable, y para comportarse y comunicarse correctamente.
Para algunos de los problemas de la categoría
de la psicosis, la ciencia moderna ha descubierto cambios anatómicos,
fisiológicos o bioquímicos subyacentes en el cerebro o en otras partes
del organismo. Se suele hacer referencia a este subgrupo como a las
psicosis orgánicas y sin duda pertenece al dominio de la medicina. Sin
embargo, no se ha hallado explicación medica alguna para muchos otros
estados psicóticos, a pesar de los concentrados esfuerzos de generaciones
de investigadores de varios campos. A pesar de la falta general de
resultados en la búsqueda de causas medicas especificas, las denominadas
psicosis funcionales suelen ser categorizadas como enfermedades mentales
cuya causa se desconoce. Es este subgrupo de psicosis el que nos interesa
aca.
En vista de la ausencia de un consenso claro respecto de las causas de las
psicosis funcionales, seria mas apropiado y honesto reconocer nuestra
completa ignorancia en cuanto a su naturaleza y origen y emplear el término
enfermedad sólo para esos estados para los cuales podemos hallar una base
física especifica. Así podemos abrir la puerta a nuevos enfoques al
menos para algunas psicosis funcionales, produciendo nuevas perspectivas
que difieren de manera teórica y practica de la visión medica de la
enfermedad. Ya se han desarrollado alternativas, en particular en el
contexto de las denominadas psicologías profundas. Estas son diversas
teorías psicológicas p estrategias psicoterapéuticas inspiradas por
la obra precursora de Sigmund Freud.
Aunque los enfoques de la psicología profunda
se discuten y enseñan en los círculos académicos, el entendimiento y el
tratamiento de Ias psicosis funcionales en la psiquiatría predominante
por una variedad de razones están
dominados por el pensamiento medico. Históricamente, la psiquiatría ha
podido establecerse de manera firme como una disciplina medica. Ha hallado
una base orgánica para ciertos estados psicóticos y, en algunos casos,
incluso tratamientos efectivos para ellos. Además, ha podido controlar
con buenos resultados los síntomas de estados psicóticos de origen
desconocido mediante tranquilizantes, antidepresivos, sedantes e hipnóticos.
Así, parecería lógico extender esta trayectoria y aguardar el éxito
según las mismas líneas en esas perturbaciones para las cuales aun no se
han encontrado causas y tratamientos.
Hay hechos adicionales que hacen que
la perspectiva medica, o psiquiátrica, resulte persuasiva. La psiquiatría
rastrea los estados y las conductas psicóticos hasta las condiciones físicas
y fisiológicas, mientras que las psicologías profundas tratan de hallar
las causas de los problemas mentales en acontecimientos y circunstancias
de la vida del paciente, habitualmente sucesos de su infancia. De este
modo, la psicología tradicional limita las fuentes de todos los
contenidos de la mente a aspectos observables de la historia personal
del paciente. Esto es lo que denominamos el "modelo biográfico"
de psicosis. Las conductas y los estados psicóticos de la mente para los
cuales no pueden hallarse causas en la historia biográfica parecerían
proporcionar evidencia para el modelo medico.
En verdad, hay aspectos significativos
de muchas psicosis que no pueden explicarse mediante el método psicológico
de descubrir todas las condiciones mentales en la historia de la vida del
paciente. Algunos implican ciertas emociones y sensaciones físicas
extremas que no pueden entenderse facilmente en términos de la historia
de la infancia o de posteriores acontecimientos de la vida del individuo.
Aquí entran, por ejemplo, las visiones y las experiencias de dominación
por parte del universo, las torturas diabólicas, la desintegración de la
personalidad o incluso la destrucción del mundo. Del mismo modo, los
abismales sentimientos de culpa, una sensación de condena eterna o
impulsos agresivos incontrolables e indiscriminados, en muchos casos no
pueden rastrearse hasta acontecimientos o circunstancias específicos de
la vida del paciente. Facilmente podríamos suponer entonces que esos
elementos tan ajenos de la psiquis deben tener origen en procesos patológicos
orgánicos que afectan el cerebro de manera directa o indirecta.
Hay otros tipos de experiencias que
presentan problemas para la visión biográfica, no solo por su intensidad
sino por su naturaleza misma. Las experiencias de deidades y demonios, de
héroes y paisajes míticos o de regiones celestiales c infernales no
tienen ningún lugar en el mundo tal como lo entiende la ciencia
occidental. Por lo tanto, parece obvio sugerir, como lo hace la
perspectiva medica, que deben ser productos de algún proceso de
enfermedad física desconocido. La naturaleza mística de muchas
experiencias en estados de conciencia no ordinarios las pone automáticamente
en la categoría de la patología, dado que la
espiritualidad no es considerada una dimensión legitima en el universo
exclusivamente material de la ciencia tradicional.
Pero recientes desarrollos en la psicología
han comenzado a sugerir fuentes para experiencias tan extraordinarias que
están fuera tanto de la patología medica como de la historia de vida
personal. Historicamente, el primer avance en este sentido fue la obra del
psiquiatra suizo C. G. Jung. Jung expandió ampliamente el modelo biográfico
introduciendo el concepto del inconsciente colectivo. Mediante el análisis
cuidadoso de su propia vida de sueno, los sueños de sus pacientes y las
alucinaciones, las fantasías y las ilusiones de los psicóticos, Jung
descubrió que la psiquis humana tiene acceso a imágenes y motivos que
son realmente universales. Se los puede encontrar en la mitología, el
folklore y el arte de culturas ampliamente distribuidas no solo a través
del globo sino también en toda la historia de la humanidad.
Estos arquetipos, como los denominó Jung, se
presentan con regularidad sorprendente en individuos cuya historia de vida
y educación carecen de exposición directa a sus diversas manifestaciones
culturales e históricas. Esta observación lo llevo a la conclusión de
que existe, además del inconsciente individual, un inconsciente racial
o colectivo que es compartido por toda la humanidad. Veía la religión
comparada y la mitología como fuentes invalorables de información sobre
estos aspectos colectivos del inconsciente. En el modelo de Jung, muchas
experiencias que no tienen sentido como derivados de acontecimientos biográficos,
como las visiones de deidades y demonios, pueden verse como el surgimiento
del contenido del inconsciente colectivo.
Aunque las teorías de Jung son conocidas
desde hace décadas, inicialmente no tuvieron una influencia significativa
fuera de reducidos círculos de dedicados seguidores. Sus ideas se
adelantaban mucho a su tiempo y debieron aguardar mayor ímpetu para
cobrar importancia. Esta situación empezó a revertirse durante al década
de 1960,época de un gran renacimiento del interés en los mayores
alcances de la conciencia humana. Esa época de exploración interior se
inicio con la experimentación clínica con drogas psicodélicas entre
profesionales y la exposición personal de una porción de la población
lega, lo que por un tiempo fue conocido como la contracultura. La
exploración continuó con una avalancha de técnicas experienciales de
prácticas de psicoterapia y espirituales de toda clase, de la terapia
gestáltica a la meditación trascendental, entre los terapeutas y los
legos en las décadas del '70 y el '80.
Como muchos empezaron a experimentar las
clases de imágenes y símbolos que Jung atribuyo al inconsciente
colectivo, así como episodios de una naturaleza mística clásica, esa
ola aporto fuerte evidencia que apoyaba las ideas de Jung y una poderosa
validación de las tradiciones místicas del mundo, tanto orientales como
occidentales. Durante esa época se hizo obvio para muchos practicantes
dedicados a esas exploraciones que necesitábamos un nuevo modelo de la
psiquis cuyos elementos importantes incluyeran no solo la dimensión biográfica
freudiana sino tambien el inconsciente colectivo de Jung y la
espiritualidad.
Cuando se piensa en la mente en términos tan
vastamente expandidos, los contenidos de las experiencias que surgen
durante diversos estados no comunes de conciencia no son vistos como
productos arbitrarios, al azar, del funcionamiento defectuoso de la mente.
Antes bien, son manifestaciones de los profundos retiros de la psiquis
humana que habitualmente no son accesibles. Y el surgimiento de ese
material inconsciente en realidad puede ser curativo y transformador, si
se produce en las circunstancias adecuadas. Diversas disciplinas
espirituales y tradiciones místicas, del chamanismo al zen, representan
ricos reservorios de invalorables conocimientos con respecto a esos
dominios más profundos de la mente. Por siglos se ha sabido que pueden
producirse muchos episodios dramáticos y difíciles durante la practica
espiritual y que el camino al esclarecimiento puede ser escabroso y
tormentoso.
Así, la luz brindada por la psicología
profunda y los legados espirituales antiguos proporciona la base para un
nuevo entendimiento de algunos de los estados psicóticos para los cuales
no puede hallarse ninguna causa biol6gica. Los desafíos a la psiquiatría
moderna que presentan estas dos escuelas de conocimiento nos muestran las
raíces de la idea de emergencia espiritual, un concepto que examinaremos
ahora en mayor detalle.
La promesa y el peligro de la
emergencia espiritual
EI ideograma chino que corresponde a crisis representa perfectamente la
idea de emergencia espiritual. Esta compuesto por dos signos básicos, o
radicales: uno de ellos significa "peligro" y el otro
"oportunidad". Así, mientras el pasaje por esa clase de condición
suele ser dificil e inquietante, esos estados tienen un notable potencial
evolutivo y de curación. Si se las entiende y trata adecuadamente como
etapas difíciles en un proceso natural de desarrollo, las emergencias
espirituales pueden tener como resultado la cura espontánea de diversas
perturbaciones emocionales y psicosomáticas, cambios favorables de la
personalidad, soluciones para problemas importantes en la vida y la
evolución hacia lo que algunos denominan "conciencia superior".
Dado el peligro concomitante y el potencial positivo de esas crisis, la
gente implicada en la emergencia espiritual necesita la guía experta de
los que poseen experiencia personal y profesional en estados no ordinarios
de conciencia y saben como tratarlos y apoyarlos. En los individuos que
sufren una crisis evolutiva de esta clase, los rotulos patológicos y el
uso insensible de diversas medidas represivas, incluido el control de los
síntomas con medicación, pueden interferir en el potencial positivo del
proceso. La dependencia de largo plazo de los tranquilizantes que suele
sobrevenir, con sus efectos secundarios bien conocidos, la perdida de
vitalidad y el modo de vida condicionado presentan un triste contraste
respecto de esas raras situaciones en que la crisis de transformación ha
sido apoyada, validada, permitiéndosele llegar a su culminación. Por lo
tanto conviene destacar la importancia de entender la emergencia
espiritual y de crear enfoques comprensivos y efectivos para su
tratamiento y adecuados sistemas de apoyo. (EI tema del tratamiento se
encara de manera más amplia en nuestro ensayo "Ayuda en la
emergencia espiritual".
Desencadenantes de la crisis de
transformación
En algunos casos es posible identificar la situación que parece haber
desencadenado la emergencia espiritual. Puede ser un factor principalmente
físico, como una enfermedad, un accidente o una operación. Otras veces,
el esfuerzo físico extremo o la prolongada falta de sueno puede parecer
el desencadenante inmediato. En las mujeres, puede ser el alumbramiento,
los problemas del embarazo o el aborto. Tambien hemos visto situaciones en
que el comienzo del proceso coincidió con una experiencia sexual
excepcionalmente poderosa.
En ocasiones, el comienzo de la emergencia espiritual puede seguir a una
experiencia emocional poderosa. Puede tratarse de la perdida de un vinculo
importante, como la muerte de un hijo u otro pariente cercano, el fin de
una relación amorosa o el divorcio. Del mismo modo, una serie de
fracasos, como ser despedido de un empleo, o la pérdida de propiedad,
pueden preceder inmediatamente el inicio de la crisis evolutiva. En los
individuos predispuestos, el ultimo golpe puede ser una experiencia con
drogas psicodélicas o una sesión de psicoterapia experiencial.
Sin embargo, uno de los catalizadores más importantes de la emergencia
espiritual parece ser una profunda dedicación a diversas formas de
meditación y de practica espiritual. Esos métodos han sido diseñados específicamente
para activar las experiencias espirituales. En reiteradas
ocasiones han tomado contacto con nosotros personas cuyas experiencias
desusadas se presentaron durante la practica sostenida del zen, la
meditación budista vipassana, el yoga kundalini, los ejercicios sufis o
la plegaria cristiana y la contemplación monástica. Cuando diversas
disciplinas espirituales orientales y occidentales están ganando rápidamente
popularidad, son cada vez mas las personas que tienen crisis
transpersonales, otra razón mas por la cual el correcto entendimiento y
el tratamiento de las emergencias espirituales sea una cuestión de
creciente importancia.
Mapas interiores de emergencias
espirituales
EI espectro empírico de las emergencias espirituales es sumamente rico:
implica emociones intensas, visiones y otros cambios de percepción, así
como desusados procesos de pensamientos, además de diversos síntomas físicos
que van de los temblores a las sensaciones de ahogo. Pero hemos observado
que el contenido de estas experiencias parece pertenecer a tres categorías
mayores.
EI primer grupo incluye experiencias
estrechamente relacionadas con la historia de vida de un individuo, y se
la conoce como categoría biográfica. La segunda categoría gira en torno
de cuestiones de morir y renacer; una intima relación con el trauma del
nacimiento biológico le da a este grupo el nombre de perinatal. La
tercera categoría esta mucho mas allá de los limites de la experiencia
humana común y esta íntimamente relacionada con el inconsciente
colectivo de Jung; a estas las denominamos experiencias transpersonales
porque implican imágenes y motivos que parecen tener una fuente exterior
a la historia personal del individuo.
Los aspectos biográficos de las emergencias espirituales implican
revivir y curar acontecimientos traumáticos de la vida personal. La
emergencia de importantes recuerdos de la infancia, por ejemplo el abuso físico
o sexual, la perdida de un padre o de un ser querido, los encuentros próximos
con la muerte, la enfermedad o la cirugía, y otros acontecimientos difíciles,
a veces pueden tener una parte importante en las crisis de transformación.
Este dominio ha sido cabalmente explorado, y se han trazado mapas, por
parte de los terapeutas orientación biográfica, por lo cual no requiere
mayor discusión en estas paginas.
El nivel siguiente de experiencias en la emergencia espiritual es el
perinatal (del griego peri, que significa "alrededor", y del latín
natal, o "relativo al nacimiento"). Este aspecto de la
emergencia espiritual se centra en temas de muerte y de renacimiento, y se
desarrolla en un modelo que tiene una relación tan intima con las etapas
del nacimiento biológico que parece ser que implica revivir el recuerdo
del propio nacimiento.
Dado que la mayoría de nosotros no recordamos conscientemente nuestro
propio nacimiento, tenemos dificultad para creer que la experiencia de
nacer tenga algún peso formativo sobre el ser humano. Pero hay evidencia
reciente que sugiere lo contrario. El movimiento perinatal en psicología,
que esta en crecimiento y que tuvo sus orígenes en las teorías de Otto
Rank, discípulo de Freud y cobro impulso con las investigaciones de David
Chamberlain y otros, afirma de manera convincente que el recuerdo
sepultado del trauma del nacimiento tiene un profundo efecto sobre la
psiquis y puede reaparecer mas tarde en la vida.
Revivir el recuerdo del nacimiento a menudo tiene como resultado la
preocupación con la muerte y la imaginería relacionada con la muerte, lo
que refleja tanto que el nacimiento es un acontecimiento difícil y
amenazador de la vida como es en sí mismo la "muerte" del
periodo de existencia prenatal, la única clase de vida que ha
experimentado hasta ese momento el feto. La gente que revive el trauma del
nacimiento siente que su vida esta biológicamente amenazada; esto se
alterna o coincide con experiencias de luchar por nacer o por liberarse
de formas muy incomodas de confinamiento. Los temores de enloquecer, de
perder el control e incluso de muerte inminente puede agudizarse tanto en
esos estados que se asemejan a la psicosis.
Los episodios a menudo poseen profundos matices espirituales, percibidos
como una poderosa apertura mística y una reconexión con lo Divino. A
menudo están entremezclados con motivos mitológicos del inconsciente
colectivo que describió Jung como arquetipos, lo que curiosamente sugiere
que el nivel perinatal de la mente de alguna manera representa la separación
entre el inconsciente individual y el colectivo. Mientras los muchos temas
y facetas fascinantes de esta categoría de emergencia espiritual y su
relación con el nacimiento biológico están mas allá del alcance de la
presente obra, puede hallarse una discusión más comprensiva y detallada
en The Adventure of Self Dicovery (La aventura del autodescubrimiento) de
Stanislav Grof.
Además de los temas biográficos y perinatales, muchas emergencias
espirituales tienen un significativo componente de experiencias que
pertenecen a la tercera categoría: episodios que son claramente
espirituales o "transpersonales" en su contenido. La palabra
transpersonal se refiere a la trascendencia de los limites comunes de la
personalidad e incluye muchas experiencias que han sido denominadas
espirituales, místicas, religiosas, ocultas, mágicas o paranormales.
Dado que estos términos están asociados con muchos conceptos errados
populares, es sumamente importante el entendimiento correcto del ámbito
transpersonal para la correcta evaluación de los problemas relativos a
las emergencias espirituales.
EI mejor modo de iniciar nuestra discusión de este dominio de la
experiencia es definir los factores que nos limitan en la vida cotidiana,
impidiéndonos tomar contacto con la dimensión transpersonal. En estados
comunes de conciencia nos experimentamos como seres físicos, cuerpos
materiales contenidos en nuestra piel. Alan Watts, el famoso filosofo que
popularizo el pensamiento religioso oriental para los públicos
occidentales, se refería a esta " situación como a la identificación
con el ego encapsulado en la piel. Nunca podemos experimentar con los
cinco sentidos comunes lo que esta sucediendo acá ahora , los
acontecimientos presentes en nuestro entorno inmediato. No podemos ver los
acontecimientos de los cuales nos separa una montaña, oír conversaciones
en una ciudad lejana o percibir la suavidad de la piel del cordero sin
tocarla.
En los estados de conciencia no comunes, estas limitaciones parecen no
tener vigencia. Cuando entramos en el ámbito transpersonal podemos
experimentar histórica o geográficamente acontecimientos remotos de
manera tan vivida como si estuvieran sucediendo aquí y ahora. Podemos
participar en secuencias que implican a nuestros antepasados, a nuestros
predecesores animales o incluso a personas de otros siglos y otras
culturas que no tienen ninguna relación ancestral con nosotros.
Puede parecer que se disuelven nuestros limites y podemos identificarnos
con otra gente, grupos de personas o toda la humanidad. En realidad
podemos sentir que nos hemos convertido en cosas que comunmente percibimos
como objetos exteriores a nosotros, como otra gente, animales o árboles.
En los estados transpersonales pueden presentarse experiencias muy exactas
y realistas de identificación con diversas formas de vida e incluso
procesos inorgánicos como los acontecimientos subatómicos descriptos en
la física cuántica.
Pero el contenido de las experiencias transpersonales no se limita al
mundo de cosas que existen en nuestra realidad cotidiana. Incluye
elementos que la cultura occidental no acepta como objetivamente reales:
podemos encontrar deidades, demonios, guías del espíritu, habitantes de
otros universos o figuras mitológicas, todos los cuales nos parecen tan
reales como lo que solemos encontrar en la vida cotidiana. Así, en el
estado transpersonal, no diferenciamos entre el mundo de la "realidad
consensual" o el mundo cotidiano, convencional, y el ámbito mitológico
de las formas arquetípicas. La discusión que acabamos de presentar puede
parecer absurda a un lector escéptico educado en la tradición de la
ciencia occidental. ¿Por que son importantes tales experiencias, y de que
manera son relevantes para el problema de la emergencia espiritual? El
hecho de que los fenómenos transpersonales parezcan reales y convincentes
no significa que se los deba tomar en serio. Nuestro cerebro tiene una
fantástica capacidad para almacenar con detalle fotográfico todo cuanto
hemos oído, leído o visto en libros y películas y en la televisión. ¿Por
que no podría ser posible que sencillamente armemos a partir de ese
material increíblemente rico innumerables secuencias imaginarias sin un
significado y una relevancia más profundos? ¿No es perder el tiempo
darles tanta atención a estos fenómenos?
Este punto de vista, por lógico que pueda parecer, no pasa la prueba de
la evidencia existente. Los investigadores que han estudiado seriamente
las experiencias transpersonales han llegado a la conclusión de que se
trata de fenómenos notables que ponen en duda la base misma de la
tradicional cosmovisión occidental. Las experiencias transpersonales no
pueden explicarse como producto de procesos neurofisiológicos dentro del
sistema científico tradicional, que sostiene que la conciencia reside únicamente
en el órgano dentro del cráneo.
El principal motivo para esta conclusión es la frecuente observación de
que en las experiencias de esta clase podemos, sin la mediación de los
sentidos, conectarnos con fuentes de información sobre el universo que
están fuera del alcance definido convencionalmente de la psiquis
individual. Las experiencias que implican a nuestros antepasados y
acontecimientos de la historia de nuestra raza, episodios de la vida de
otras culturas y secuencias que tienen la calidad de recuerdos de otras
vidas, a menudo implican detalles muy específicos y exactos sobre las
costumbres, las armas, los rituales y la arquitectura de estructuras
sociales y periodos históricos a los cuales nunca hemos estado expuestos
personalmente.
Las experiencias de identificación con diversos animales o con nuestros
antepasados animales pueden tener como resultado extraordinarias
percepciones relativas a la psicología, los instintos, los hábitos y el
apareamiento animales. A menudo puede surgir información nueva fascinante
de experiencias que implican a plantas o procesos inorgánicos. Tal
información típicamente esta mucho mas allá del nivel de conocimientos
de la persona que la recibe.
Sin embargo, la evidencia más convincente de la autenticidad de los fenómenos
transpersonales procede del estudio de las experiencias fuera del cuerpo,
durante las cuales se siente que la propia conciencia se ha separado del
cuerpo y puede trasladarse hacia sucesos que están ocurriendo en lugares
remotos y observarlos. La exactitud de las observaciones hechas en estados
fuera del cuerpo se ha visto corroborada en forma reiterada por los
investigadores que estudian las experiencias próximas a la muerte, que a
menudo implican fenómenos fuera del cuerpo.
Lo más sorprendente es que aun las experiencias transpersonales que
implican entidades y ámbitos que no son objetivamente reales según la
cosmovisión occidental pueden transmitir información absolutamente
nueva. Por ejemplo, en los estados no ordinarios, mucha gente ha
encontrado deidades y ámbitos mitológicos específicos de culturas
sobre las cuales no poseen ningún conocimiento personal. Detalles exactos
de tales experiencias han sido verificados por la investigación de la
mitología correspondiente a esas sociedades. (Fueron tales observaciones,
como notamos anteriormente, las que condujeron a Jung al descubrimiento
del inconsciente colectivo.)
Si bien escapa al alcance de este ensayo entrar en detalladas discusiones
de la evidencia y dar ejemplos específicos, esperamos que este breve
panorama haya logrado demostrar que las experiencias transpersonales, que
tienen un rol critico en las emergencias espirituales, son acontecimientos
extraordinarios que merecen estudio serio. (Aquellos que estén específicamente
interesados en esta investigación pueden hallar mayor
información en las obras de Stanislav Grof Beyond the Brain [Mas allá
del cerebro] y The Adventure of Self Discovery (La aventura del
autodescubrimiento) Seria un grave error desatender esos estados de la
mente como productos irrelevantes o insignificantes de la patología del
cerebro.
Más importante desde un punto de vista practico que la autenticidad de la
información recibida en los estados transpersonales es su notable
potencial terapéutico y transformador. Muchas dificultades emocionales y
psicológicas tienen como origen recuerdos reprimidos y olvidados de
acontecimientos traumáticos de la historia de vida. Sin embargo,
parecen surgir otras complicaciones de la información inquietante o
amenazante que esta debajo del umbral de la conciencia en los ámbitos
perinatal y transpersonal. Se incluyen acá recuerdos traumáticos del
nacimiento y lo que parecen ser "vidas asadas" identificación
con animales heridos, arquetipos demoníacos
y muchos otros fenómenos. Cuando por medio de las diversas técnicas
permitimos que surja a la conciencia ese material para poder
experimentarlo y examinarlo plenamente, pierde el poder perturbador que de
lo contrario puede ejercer en nuestra vida, y se pueden curar de manera
completa problemas crónicos psicológicos
e incluso físicos cuyos orígenes eran previamente desconocidos.
Del mismo modo, experiencias profundamente positivas y liberadoras, tales
como la recuperación de felices recuerdos intrauterinos o sensaciones de
unidad con la naturaleza, con otra gente y con lo divino, poseen un
impacto curativo notablemente directo.
Algunas de las variedades mas importantes de
"emergencia espiritual" son: Crisis chamánica, el despertar
de Kundalini, episodios de conciencia unitiva, renovación
psicológica por el retorno al centro, las crisis de la apertura
psíquica, experiencias cercanas a la muerte, etc..
A menudo nos dan mayor sensación
de bienestar, una perspectiva más clara de las dificultades corrientes y
un mayor sentido de propósito y dirección en la vida. Estas
posibilidades extraordinarias nos impulsan a tratar las emergencias
espirituales con gran respeto y a cooperar plenamente en la realización
de su potencial curativo y transformador.
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