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Después configura estas personas, las va posicionando y relacionando en
el espacio y, si lo hace de forma centrada, algo surge que a él mismo lo
sorprende.
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repente los sentimientos de todos los implicados cambian. Quizá, antes estaban rígidos
y ahora pueden moverse y se dan cuenta de la importancia que aquella mujer
tiene para ellos.
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Ellos dos tienen un alma en común lo cual significa que ambos participan
en un alma mayor. No es que cada uno de nosotros tengamos un alma, sino
que todos nosotros pertenecemos a un alma más grande.
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Es decir, la conciencia nos dirige a través de un sentimiento agradable,
eso sería la inocencia, y a través de un sentimiento desagradable, lo
cual sería la culpa.
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Vino a verme un hombre que dijo
que acaba de saber que en su familia durante los últimos cien años,
varios hombres se suicidaron, siempre a la edad de 27 años y siempre un
31 de diciembre.
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“Sé lo que hicieron contigo, yo te honro y te
doy un lugar en mi corazón y, por favor, mírame con buenos ojos si sigo
con vida”.
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Así pudieron comprobar, muy fácilmente, con un alto grado de
acierto, que todas las que tenían miedo de morir, no tenían cáncer... |
El tema de
mi conferencia de esta noche es “Los movimientos del alma”. ¿Qué
significa eso exactamente?
Hay que verlo en relación con el trabajo de Constelaciones Familiares. El
trabajo con Constelaciones Familiares es el método más importante con el
que yo intento ayudar a familias y a personas individuales.
Para aquellos de vosotros que todavía no conocen tan bien este trabajo,
lo explicaré brevemente.
Cuando alguien tiene un problema, que quizás tenga que ver con su familia
(por ejemplo si una persona ve que en su familia ha habido varios miembros
que se volvieron psicóticos, a través de varias generaciones), se puede
suponer que en la familia hubo algún suceso especial, por lo que se mira
de encontrar soluciones para dar un giro positivos a estos destinos tan
difíciles. Y para esto sirve el trabajo con Constelaciones.
Por tanto, cuando un cliente viene a un grupo y relata el problema, con la
ayuda de los demás participantes del grupo se configura su familia, bien
sea su familia actual o la familia de la que proviene. Elige de entre los
presentes a representantes, por ejemplo, para su padre, para su madre,
para sus hermanos y también para sí mismo.
Después configura estas personas, las va posicionando y relacionando en
el espacio y, si lo hace de forma centrada, algo surge que a él mismo lo
sorprende. Por ejemplo, ve de repente que todos miran en una misma
dirección y con esto se puede deducir que todos están mirando a alguien
que fue olvidado o excluido. Así, cuando uno pregunta, el cliente de
repente se acuerda deque la madre de su madre murió en el parto. Donde
algo así ocurre en una familia, los demás lo sienten como miedo. Por
tanto, preferirían no mirarlo. Pero la Constelación muestra que todos
están mirando allá, y el alma del individuo mira también hacia allá.
Y así yo, como terapeuta, elijo a una representante para aquella mujer
que murió en el parto y la pongo delante de los demás representantes. De
repente los sentimientos de todos los implicados cambian. Quizá, antes estaban rígidos
y ahora pueden moverse y se dan cuenta de la importancia que aquella mujer
tiene para ellos. Quizá una hija de aquella familia se acerca a la abuela
y la abraza con un profundo amor y ahí se puede ver que esa hija, que
nunca conoció a la abuela, está vinculada con ella mediante un profundo
amor.
Si uno luego investiga, la madre tal vez diga: “Si, esta hija ya varias
veces dijo que quería morirse”. Es decir, esa hija quiere ir con la
abuela muerta. De repente sale a la luz una conexión entre aquella abuela
y la nieta. Eso es lo que yo llamo implicaciones sistémicas.
Por tanto, a través del trabajo con Constelaciones Familiares muchas
veces se muestra que alguien pretende imitar a otro miembro de la familia,
es decir, que quiere tener el mismo destino que otra persona, sin que esa
persona sepa nada de la otra.
Y así de repente, a través del trabajo con Constelaciones, se revelan
unas leyes, unos órdenes, según los cuales las personas se comportan,
muchas veces en su propio detrimento, porque interiormente quisieran
ayudar a otra persona, pero no pueden hacerlo. Si esa hija muriera, nada
se solucionaría. La abuela no se encontrará mejor y todo el resto de la
familia también estará peor.
Por tanto, con la ayuda del trabajo con Constelaciones, haciendo pequeños
cambios en la imagen, o sacando los movimientos profundos del alma o
también las frases secretas del amor, uno puede liberar a otras personas
de esas implicaciones.
Es decir, volviendo sobre el ejemplo de antes, si aquella nieta va hacia
su abuela, yo le pido que le mire a los ojos y le diga: “Querida abuela,
me gustaría morir como tú, por amor hacia ti, para guardar tu memoria”.
Así sale a la luz el profundo amor de esa nieta a su abuela.
¿Y cómo reacciona la abuela, entonces? Ella le dice: “Querida nieta,
puedes venir conmigo más tarde, cuando ya te hayas hecho grande y vieja,
entonces te esperaré. Pero ahora me alegro si sigues con vida. Te
bendigo, si sigues con vida”. Así la nieta puede tomar aquello de la
abuela y en vez de querer morir por amor a la abuela, ahora, por amor a la
abuela, quiere vivir.
De este modo, a través de las Constelaciones Familiares se pueden iniciar
y también mostrar unas soluciones preciosas para toda la familia.
Eso sería la parte de fuera, pero en el trabajo con Constelaciones ocurre
algo extraordinario: los representantes, una vez configurados, sienten de
la misma manera que las personas reales que ellas representan, sin que las
conozcan. A veces incluso desarrollan los síntomas de las personas que
ellos representan. De pronto, alguien se queda sin aliento, no puede
respirar, y preguntando uno puede saber que la persona que él representa
tiene asma... o la voz cambia... o alguien de repente tiene la expresión
de una rabia asesina y recibimos la información de que la persona que
representa tenía ese tipo de rabia asesina contra otro miembro de la
familia.
La pregunta es: ¿cómo es posible este fenómeno: que alguien lo perciba
inmediatamente, sin saber nada de todo ello?
Yo tengo una explicación, una imagen. No sé si es exacta. Todas estas
cosas son misteriosas. Pero la imagen que yo me hago, es la mejor para
explicarlo.
El alma
Ahora diré algo sobre el
alma, ya que el tema de esta conferencia es “los movimientos del alma”.
¿De qué alma se trata en este caso?
Aquí, entre nosotros, en el mundo de Occidente, bajo la influencia del
cristianismo -pero si lo miramos bien, no fue el cristianismo, sino la
filosofía griega que más tarde fluyó también en el cristianismo-,
tenemos la idea de que cada persona tiene un alma, le pertenece, tiene que
cuidarla, incluso tiene que salvarla, como si se pudiera perder.
Algunos incluso tienen la imagen de que el alma esté encerrada en el
cuerpo, como en una prisión, y el alma desearía salir de esa prisión,
para por fin dejar atrás al cuerpo y llegar al cielo, sin ese lastre. Es
una imagen muy extraña.
Solamente quisiera aportar una diferenciación, para que veáis lo absurdo
que es. Un hombre ama a una mujer. ¿Cómo la puede amar, si ambos llevan
un alma en su interior, presa de su cuerpo? ¿Cómo pueden entrar en
relación el uno con el otro? ¿Cómo pueden amarse, cómo podrían
comprenderse, y si se miran a los ojos, por qué pueden mirar al corazón
del otro, si cada uno está con su alma? No.
Ellos dos tienen un alma en común lo cual significa que ambos participan
en un alma mayor. No es que cada uno de nosotros tengamos un alma, sino
que todos nosotros pertenecemos a un alma más grande.
Cuando lo comprendemos nos volvemos serenos, el corazón se abre de par en
par.
De repente podemos ver a todos aquí en una Gran Alma. Sabemos que estamos
unidos con todos y que todos nosotros somos iguales en esta Gran Alma.
Esto es una idea muy bella, y en el trabajo con Constelaciones se
evidencia que nos hallamos en un alma grande. Así es posible que sepamos
qué es lo que ocurre en otras personas que ni siquiera conocemos. Esas
personas pueden influir sobre nosotros. De repente podemos sentir como
ellos, como si nos poseyeran, como si tomaran posesión de nosotros, y
así, cuando esto ocurre, ya no somos nosotros los que tenemos que hacer
nada, sino que el alma obra para ayudar a todos - siempre y cuando
nosotros nos entreguemos a ella y nos abandonemos a los profundos
movimientos del alma.
Pero, ¿quién sabe hacer esto? Muy pocos lo saben hacer. ¿Por qué? Hay
algo que se opone.
La
conciencia
Y ahora tocaré un tema muy
difícil. Al alma y a los movimientos del alma, se opone algo que
tradicionalmente estimamos muchísimo, como si fuera algo muy especial,
incluso, pensamos que Dios mismo nos lo dio: la conciencia.
Muchos dicen “la conciencia es la voz de Dios en mi alma”. Pero si os
fijáis bien, cuando una persona dice “yo lo hago siguiendo mi
conciencia”, “mi conciencia me obliga a hacer esto”, por regla
general, ¿qué es lo que hace?
Quien de esta manera se remonta a su conciencia, por regla general le hace
daño a otra persona. ¿Y eso lo habrá hecho por un mandamiento de Dios?
No, la conciencia no tiene nada que ver con Dios.
Mirando cómo funciona esa conciencia, primero sentimos que tenemos un
sentimiento de culpa y, a veces, muchas veces, un sentimiento de
inocencia. Cuando nos sentimos inocentes nos sentimos bien, y también
ligeros y serenos. Sintiéndonos culpables nos sentimos cargados, no nos
encontramos tan bien.
Es decir, la conciencia nos dirige a través de un sentimiento agradable,
eso sería la inocencia, y a través de un sentimiento desagradable, lo
cual sería la culpa.
Algo similar ocurre en nosotros con el sentido del equilibrio. Si estamos
en equilibrio, nos sentimos seguros. En cuanto nos salimos del equilibrio,
la sensación es tan desagradable, que inmediatamente procuramos recuperar
el equilibrio. También el sentido del equilibrio nos va dirigiendo a
través de un sentimiento agradable y otro desagradable. No es nada más
que un sentido muy normal e instintivo, pero no es ciego, porque de
inmediato percibe lo necesario. Por tanto, al mismo tiempo es sabio.
Mirando este ejemplo, tal vez podamos comprender mejor, más fácilmente,
cómo actúa la conciencia.
También la conciencia es un sentido instintivo, con el que inmediatamente
podemos percibir algo que para nosotros resulta bueno o peligroso.
¿Cuál es, pues, la meta de la conciencia? La conciencia nos vincula con
nuestra familia. Cuando un hijo hace algo que le asegura la pertenencia a
la familia, si se comporta -como nosotros decimos- “bien”, este hijo
se siente inocente. Pero “inocente” no únicamente significa que puede
estar contento de formar parte de la familia y puede estar seguro de poder
formar parte. Si, en cambio, el hijo hace algo que en la familia se
considera malo, este hijo desarrolla una mala conciencia y esa mala
conciencia es tan desagradable que el hijo corregirá su comportamiento
para volver a ser “bueno”, como solemos decir. Y así puede volver a
estar seguro de su pertenencia.
Es decir, con la ayuda de la conciencia, en cualquier momento percibimos
aquello que asegura la pertenencia y aquello que la pone en peligro, y eso
no solamente es válido para nuestra familia, también es válido para
cualquier otro grupo.
Por ejemplo, nosotros ahora aquí formamos un grupo, cualquiera de
nosotros sabe cómo tiene que comportarse para poder permanecer aquí.
Ahora estáis aquí sentados en vuestras butacas y me estáis escuchando
atentamente y sabéis: “si me comporto así, puedo quedarme”. Si ahora
alguno empezara a hacer ruido, molestando a todo este grupo. - ¿Qué
hacemos entonces? Le echaremos y pierde la pertenencia a este grupo. Y
cualquiera sabe de forma instintiva que si se comportara así, le pasaría
eso. Por tanto, no lo hacemos, porque sería tan desagradable hacer ese
ridículo, que lo dejamos estar.
Todo grupo tiene determinadas reglas que uno tiene que respetar para
formar parte, y uno sabe que si infringe esas reglas, pierde la
pertenencia al grupo.
Por tanto, no tenemos solamente una conciencia, sino que tenemos muchas.
Por ejemplo, tenemos una conciencia con nuestra madre, y otra con nuestro
padre. Aquello que le parece bien al padre, a veces para la madre no es
nada. Y al revés. Con la ayuda de la conciencia sabemos exactamente cómo
tenemos que comportarnos con la madre y cómo con el padre. O un niño
sabe que en el colegio se tiene que comportar de una manera distinta que
en casa, y entre los amigos, de otra manera que en casa. Y en el club de
fútbol, diferente que en la iglesia...
Siempre nos damos cuenta inmediatamente de qué tenemos que hacer para
formar parte y qué tenemos que evitar para no perder esa pertenencia.
Suena muy fácil, pero ¿qué es lo que esa conciencia hace realmente?
Inicia una distinción en el mundo. A saber, la distinción entre el bien
y el mal. Bueno es aquello que nos asegura la pertenencia, malo es aquello
que la pone en peligro.
Si ahora alguien infringe las reglas de una familia, ella, con la
conciencia absolutamente tranquila, lo excluirá. Así, esa conciencia se
vuelve mala, ese sería el marco estrecho.
Pero fijémonos ahora en las relaciones entre diferentes grupos. Por
ejemplo, en un pueblo como la Argentina. Aquí hay diversos grupos: los
unos se sienten mejores, otros son considerados inferiores; algunos son
venerados, otros son desterrados. Y todo esto con la ayuda de la
conciencia. Esta conciencia es la que sentimos y es relativamente simple
de comprender.
Pero volviendo ahora al ejemplo de un principio. Hablando, por ejemplo, de
los movimientos que se van desarrollando cuando la nieta pretende seguir a
su abuela a la muerte. Por una parte veremos que esa nieta se siente
buena, ya que siente el amor hacia su abuela, y muy profundamente en su
alma está convencida de hacer algo bueno.
Pero si miramos a la familia como un conjunto, y no solamente a la familia
más inmediata (el padre, la madre y los hijos), sino también las
generaciones anteriores, vemos que existen patrones repetitivos. Toda la
red familiar se comporta como si tuviera una conciencia común. Esa
conciencia no se puede sentir, únicamente se muestra a través del
trabajo con Constelaciones.
Esta conciencia sigue a leyes totalmente distintas que la conciencia que
nosotros sentimos. Os daré un ejemplo. Vino a verme un hombre que dijo
que acaba de saber que en su familia durante los últimos cien años,
varios hombres se suicidaron, siempre a la edad de 27 años y siempre un
31 de diciembre. Es curioso, ¿no? El hombre era abogado, y empezó a
investigar para saber qué había ocurrido. Observando ese patrón en su
familia, se dio cuenta de que un primo suyo iba a cumplir los 27 años y
que el 31 de diciembre se estaba acercando. Así fue a verlo para
advertirlo, y ese primo ya había comprado un revolver para pegarse un
tiro. El abogado pudo disuadirlo. Al final, sus investigaciones dieron el
siguiente resultado: el primer marido de su bisabuela murió con 27 años
un 31 de diciembre. El hombre siguió investigando y supo que esa
bisabuela, poco después, se casó con otro hombre, que fue su bisabuelo.
Y estos dos envenenaron al primer marido de la bisabuela.
Es decir, algo ocurrió hace muchísimos años y, sin embargo, seguía
actuando a través de las generaciones en esa familia, de una forma que
nos tiene que espantar. ¿Qué ocurre aquí? La conciencia común, la
conciencia inconsciente colectiva de esa familia no permite que nadie sea
excluido, que nadie sufra ninguna injusticia, sin que más tarde esta
persona excluida, en este caso, el asesinado, fuera representado a través
de otros miembros de la familia, que toman sobre sí el mismo destino. En
este caso, el destino de morir a la misma edad el mismo día, hasta que
aquel hombre del principio, el primer marido de la bisabuela, pueda salir
a la luz de nuevo. De manera que surja la injusticia que él sufrió, para
que le den la honra y sea reintegrado, y vuelva a ser de nuevo un miembro
de esa familia.
Esta conciencia sigue una ley importante. Esa ley dice: cualquier miembro
de la familia, independientemente de cómo sea, tiene el mismo derecho a
la pertenencia que todos los demás.
Por tanto, en esta conciencia, la distinción entre bueno y malo, como lo
establece la conciencia personal, no existe. En cambio, busca mantener la
integridad de toda la familia, pero de una manera que no le ayuda a nadie.
Porque no le ayuda nada al primer marido de la bisabuela el hecho de que,
años después, tres hombres o más se suiciden a la misma edad, el mismo
día. Lo único que ocurre es que la desgracia se perpetúa.
¿Cómo se puede salir de este círculo vicioso? No podemos hacerlo con la
ayuda de la conciencia. Tienen que obrar otras fuerzas para que esto se
logre y eso es lo que yo llamo los movimientos del alma: los movimientos
de la gran alma de la que todos participamos. Esta Gran Alma quiere
reintegrar a todos los que están separados. En este caso lo hice de la
siguiente manera.
Ese abogado que encontró esos hechos terribles sobre el marido de su
bisabuela acudió a mi, presa del pánico, en peligro agudo de suicidarse.
Fui con él a mi habitación, le dije que se apoyara de espaldas en una de
las paredes y en el otro lado se imaginara al primer marido de su
bisabuela y le dijera: “Sé lo que hicieron contigo, yo te honro y te
doy un lugar en mi corazón y, por favor, mírame con buenos ojos si sigo
con vida”. E inmediatamente pudo sentir cómo ese primer marido de su
bisabuela le miró amablemente. Este hombre había sido reintegrado en la
familia y para mi cliente el peligro de suicidarse había acabado. Nunca
más lo sintió.
Al mismo tiempo también le dije que mirara a su bisabuela y a su
bisabuelo y les dijera “Sé lo que hicisteis, vosotros le matasteis.
Ahora vosotros tenéis que asumir la culpa”. De modo qué él ya no
tenía que hacerse cargo de esa culpa, porque lo que estaba ocurriendo era
que aquellos que se habían suicidado eran al mismo tiempo asesinos y
víctimas. Es decir, al mismo tiempo estaban identificados con el primer
marido de la bisabuela y también, con los asesinos, la bisabuela y su
segundo marido.
¿Cómo actúa ahora la Gran Alma? La Gran Alma hace que tanto las
víctimas como los perpetradores se encuentren en un mismo nivel. Al
final, las víctimas tienen que admitir a los perpetradores muertos. Los
perpetradores muertos tienen que ponerse al lado de las víctimas muertas,
echarse a su lado y sentir con ellos el dolor. Y así quizá puedan
encontrar la paz.
Quisiera explicarlo también con otro ejemplo. El año pasado estuve en
Israel y también allí hice Constelaciones Familiares y una mujer contó
que su padre fue asesinado por un árabe. Así configuramos a tan sólo
dos personas: al padre de esa cliente, es decir, un israelí, y su
asesino, cuyo representante fue también israelí. Estaban el uno en
frente del otro. El perpetrador tenía grandes dificultades para mirar a
los ojos de su víctima. Primero se retiró moviendo el puño y después,
muy poco a poco, empezó a mirar al otro. De repente entre ellos dos
empezó a desarrollarse un amor muy profundo. El representante del
asesinado extendió su brazo y el otro, bajo un dolor intenso, empezó a
acercarse a él. Finalmente se abrazaron durante mucho tiempo, muy
entrañablemente. Después el representante de la víctima se dejó caer
al suelo, se echó de espaldas y el representante del árabe se puso a su
lado y así estuvieron en paz. Todo transcurrió sin ninguna intervención
exterior de parte del terapeuta. Se desarrolló por sí solo en el alma de
estos representantes.
Ésos serían movimientos del alma. Es lo que hace que aquello que estaba
separado se vuelva a unir y hace que todos sean iguales.
Por esta noche solamente he dado una idea global, una primera impresión
de lo que sería posible. Gracias a Dios, ahora ya hay varios libros míos
en español, también hay videos en español, donde uno puede leer y ver
para aprender y comprender mejor.
Y ahora pienso que daré la oportunidad de
formular preguntas.
Pregunta: escuché atentamente
lo que Ud. dijo y en muchos tramos habló de lo que es la conciencia, pero
no nombra al inconsciente. De hecho lo nombró una sola vez cuando habló
del sentimiento y el deseo de pertenencia a la familia y aquel que no
pertenece siente un rechazo absoluto. Primero no quedó claro de quién es
el sentimiento de rechazo. Y hay ejemplos en la historia de la humanidad
de personas que pertenecieron a la familia científica. ¿Por qué hablar
de rechazo a la no pertenencia, si por ejemplo Galileo Galilei fue
expulsado de la familia científica y a pesar de eso la humanidad tuvo
avances inconmensurables?
Hellinger: Creo que esas preguntas nos apartan en lo que aquí en realidad
cuenta. Lo que aquí cuenta es saber qué cosa ayuda cuando una persona
está implicada en su sistema familiar y está haciendo algo que en
realidad le hace daño. Quisiera explicarlo de una forma distinta
también. Quien está sano, por regla general está bien. Eso se podría
comparar al sentimiento de inocencia si yo hago aquello que me asegura la
pertenencia. Quien cae enfermo, se siente mal y sintiéndose tan mal, hace
todo para recuperar su salud, y eso sería comparable a la mala
conciencia. Es decir, el efecto de la enfermedad sería similar al efecto
de la mala conciencia.
Pero también hay muchas personas que cuando escuchan que están
gravemente enferma, se sienten aliviadas, incluso felices. Un amigo mío,
un médico, participó en un proyecto de investigación en la Universidad
de Heilbek con el que querían saber si, cuando
mujeres acudían a un examen médico para averiguar si tenían cáncer,
uno, aún antes del diagnóstico real, podía saber si la mujer tenía
cáncer. Así pudieron comprobar, muy fácilmente, con un alto grado de
acierto, que todas las que tenían miedo de morir, no tenían cáncer...
El cáncer muchas veces muestra que no solamente se trata de una
enfermedad del cuerpo, sino que esa persona desea morir. Por eso tampoco
ayuda nada si esa persona tan solo recibe medicamentos, cuando el alma no
está dispuesta a estar sana.
Otro ejemplo, un amigo mío dirige una gran clínica y un jefe de
departamento, de repente, desarrolló un tumor cerebral. Yo le pregunté,
cómo reaccionó ese hombre al saberlo, cuando supo ese diagnóstico. Me
dijo: Estaba encantado. ¿No es curioso? Es decir, aquí actúan fuerzas
que hay que mirar muy detenidamente. Por tanto, cuando aquí hablamos del
alma o de la buena o conciencia, se trata de ayudar a personas que se
encuentren en una situación así.
He trabajado mucho con pacientes de cáncer y muchas veces se puede ver,
sobre todo en mujeres, que ellas se niegan a respetar a su madre y yo
cuando en una constelación les pido que se inclinen ante su madre, que se
inclinen profundamente, dándole la honra, estas mujeres se niegan de una
forma que nos hace suponer que preferirían morir antes que dar la honra a
su madre. ¿No es curioso?
Ejercicio
En este contexto, haré un
ejercicio con vosotros acerca de los movimientos del alma, para que
quizás podáis distinguir esa precisión en vuestra propia alma.
Podéis cerrar los ojos y os imagináis que estáis delante de vuestros
padres... están a alguna distancia el uno al lado del otro... y detrás
de vuestros padres, están sus padres... y detrás de éstos, otra vez,
sus padres... y después los padres de éstos... Una larga fila.
Y así estáis delante de vuestros padres, y detrás de ellos veis a todos
sus antepasados... y, lejos, lejos, detrás de todos... intuís una fuerza
misteriosa, de la que no sabemos nada, pero que reconocemos por sus
efectos... Y de tan lejos, nos fluye la vida... a través de todas esas
generaciones, hasta los padres, y de los padres hacia vosotros. Y esa vida
que viene de muy lejos es absolutamente pura, sin ninguna perturbación...
fluye a través de todos, sin disminuir, siempre sigue siendo la misma...
y así esta vida fluye a través de vuestros padres hacia vosotros...
Y después os inclináis profundamente ante los padres... ante sus
padres... ante sus padres... más allá, lejos, de todas esas generaciones
y también del misterio del que esta vida proviene...
Ahora, ¿tiene alguna importancia saber cómo eran esos padres? Sean como
sean, a través de todos ellos, la vida fluye pura y plenamente...
Y ahora podéis abrir el corazón de par en par, recibir esa vida en
vosotros. Os dais la vuelta, os apoyáis de espaldas contra los padres, y
miráis hacia delante... hacia vuestros hijos, los nietos y las demás
generaciones que aún vendrán... Vosotros estáis en medio de ese gran
río y todos, a través de los que esta vida fluye, son iguales. Igual de
grandes, igual de pequeños, igual de buenos... todos no son más que
hombres...
(Tres minutos de silencio)
Creo que no habría una forma
más bella de terminar esta conferencia.
Os deseo todo lo mejor y la
plenitud de la vida.
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