Nuestro mundo está sufriendo
una angustiante confusión. Esto bien
puede ser la desintegración que precede a la destrucción de nuestra
cultura, como consecuencia de una guerra nuclear suicida. No podemos
desechar la posibilidad de que estemos aproximándonos a nuestra
desaparición. Si ese fuera el caso, creo yo, no habría mucho por
decir. Sería tarea para los arqueólogos de un lejano futuro el
diagnosticar nuestra enfermedad fatal. Visto de otro modo, el actual
caos, el desequilibrio, la confusión, la desintegración de las
instituciones y de los gobiernos, sean quizás los dolores provocados
por un mundo en gestación. Hay muchas razones para creer que sufrimos
los dolores de parto de una nueva era. De ser así, estamos participando
también en el nacimiento de un nuevo ser humano, capaz de vivir en esa
nueva era, en ese mundo transformado. Es esta posibilidad la que deseo
considerar.
¿Cuál es la razón por la cual nosotros, como individuos, como
naciones, como culturas, estamos experimentando trastornos semejantes?
Estoy convencido de que se debe a una cantidad de significativos cambios
de paradigma, que están aconteciendo simultáneamente.
Lo inevitable de tales cambios ha hecho estremecer los cimientos de
nuestra existencia física, psicológica, económica y espiritual. En
cada época hay una visión del mundo generalmente aceptada, un patrón
según el cual tanto el científico como el lego explican la realidad
así como la perciben. Hoy, en diversas áreas, nos confrontamos no con
uno sino con varios cambios de paradigma inevitables. Los antiguos
modelos se han desvanecido y esto nos tiene inquietos e indecisos. La
realidad como la hemos conocido, el mundo de la materia, el tiempo, el
espacio ha dejado de existir, al menos en un sentido fundamental. Nos
confrontamos con una misteriosa realidad de energías oscilantes que se
manifiestan de manera extravagante. Es ésta una realidad de
interconexiones casi místicas, de relaciones que emparentan a todas las
entidades, ya sean animadas o inanimadas. Como señalara un gran
científico "el universo no se asemeja ya a una gran máquina; se
parece más bien a una gran idea".
Y al intentar comprender un universo que es una idea, nos embarga un
temor no exento de respeto. Pero la ciencia, que ha sido nuestra
principal herramienta para la comprensión, está sufriendo cambios
igualmente sorprendentes. Nuestra visión del mundo mediante la
perspectiva científica lineal de causa-efecto ha sido excesivamente
sobrevalorada. Esta ciencia es vista hoy como parte de una noción mucho
más amplia.
El mundo, en especial, el mundo biológico, es considerado comprensible
sólo en el contexto de causas y efectos en mutua interacción. El
conocimiento se ha tornado mucho más complejo. Además, la tan
mencionada ley de entropía, del deterioro, es aceptada sólo como una
de las caras de la moneda. La otra cara, más brillante, es una
tendencia formativa, una capacidad para el cambio creativo y repentino
hacia nuevos y más complejos estados.
La hermosa simplicidad de la ciencia se ha convertido en una
"ciencia de la complejidad" que se asemejan más a las
nociones de los místicos de Oriente que a la mecánica newtoniana. El
hombre mismo no puede seguir siendo considerado como una gran
computadora, un manojo mecánico de estímulos y respuestas. Nuestra
concepción de la persona se enfrenta a drásticos cambios. Tal persona
posee potencialidades inimaginadas hasta ahora. La inteligencia no
consciente del ser humano demuestra vastísimas capacidades.
Puede controlar funciones corporales, puede curar enfermedades, puede
crear nuevas realidades. Puede adentrarse en el futuro, ver cosas a
enorme distancia, transmitir ideas directamente.
Tal persona está logrando tanto una nueva conciencia de su fortaleza y
poder, como el reconocimiento de que lo único constante en la vida es
el proceso de cambio.
Todo indica que debemos percibir al individuo como una persona en
constante transformación, una persona trascendente. Este es un nuevo
mundo hacia el que inevitablemente nos desplazamos. Un mundo en el cual
la realidad, según la hemos conocido, ha desaparecido; en el cual la
ciencia, según la hemos conocido, se ha tornado parte de una totalidad
mucho más misteriosa y mística; en el cual el individuo como máquina
comprensible de músculos, nervios y cerebro, ha cedido su lugar a un
misterioso ser con increíbles capacidades y en constante
transformación.
No es de extrañar entonces que estemos confusos, entre arrogantes y
aterrorizados, caóticos en nuestras intenciones, en medio de cambios
sociales que parecen fuera de nuestro control. Nos confrontamos a una
combinación de cambios de paradigma que puede ser más poderosa que
todo lo hasta hoy conocido en la historia del hombre. Las posibilidades tanto
de quebrantamiento como de una existencia plenamente creativa son
enormes.
Una nueva persona
¿Quiénes serán capaces de vivir en
este nuevo mundo, completamente diferente? Creo que serán aquellos
jóvenes de mente y espíritu. Ellos serán los capacitados para vivir
en el mundo del mañana, acompañados por adultos que hayan comprendido
los conceptos de semejante transformación. No todos, por
supuesto.
Oigo decir que la juventud actual sólo está interesada en el empleo y
la seguridad, que no son personas que se arriesguen e innoven, tan sólo
conservadores en pos del "primer puesto". Posiblemente sea
así en parte, pero ciertamente no lo es respecto de la gente joven con
la que yo tengo contacto. Estoy seguro que muchos continuarán viviendo
en el mundo actual y sólo un grupo limitado lo hará en este nuevo
mundo del mañana.
¿De dónde provendrán? Observo que ya han comenzado a nacer. ¿Dónde
los he encontrado? Entre los ejecutivos que han abandonado la carrera de
ratas y desdeñado las tentaciones de los altos salarios y las finanzas
para vivir una nueva vida, mucho más sencilla.
Los encuentro entre hombres y mujeres que desafían la mayoría de los
valores de la cultura actual para vivir según nuevas maneras.
Los encuentro entre sacerdotes, monjas y, ministros religiosos que han
dejado atrás los dogmas de sus religiones, para vivir de un modo que
tenga mayor significado. Los encuentro entre las mujeres que vigorosas
se alzan por encima de las limitaciones que la sociedad les impone.
Entre las minorías que están emergiendo, después de generaciones de
pasividad, a una vida más afirmativa y positiva. Los encuentro entre
aquellos que han participado de experiencias grupales, hallando un lugar
para los sentimientos, así como para los pensamientos en sus vidas. Los
encuentro entre los estudiantes creativos, que han abandonado las
escuelas para encontrar metas más elevadas que las permitidas para una
estéril escolarización. Los encuentro gestándose en los talleres
internacionales e interculturales que han sido parte destacable de mi
pasado inmediato.
Allí, en un ambiente centrado en la persona, están desarrollando un
sentido de comunidad basado en la confianza y el respeto, creando
armonía en la diversidad, una armonía que caracteriza a este nuevo
mundo. Están tejiendo redes de enlace interculturales del tipo que
Marilyn Ferguson (1980) ha descrito intensamente. Es por cierto una
"conspiración acuariana" en que la multitud de gente
congenial de todo el mundo está "conspirando" junta,
respirando junta, descubriendo que perciben la vida de un modo
fundamentalmente nuevo.
Sus cualidades
Al estar en contacto con estos
individuos, he hallado ciertos rasgos en común.
Tal vez ninguno de ellos posea todas estas cualidades juntas, pero creo
que la habilidad para vivir en este extremadamente revolucionado mundo
del mañana, está definida por ciertas características. Describiré
algunas brevemente, según yo la he percibido y experimentado. Tales
personas viven la vida como un proceso, como un torrente de energía,
una transformación. La vida rígida, estática, no les atrae. Viven en
una confortable relación con la naturaleza, un responsable parentesco
con el entorno. La "conquista de la naturaleza" les resulta un
concepto aborrecible. Estas personas consideran que el poder sobre los
demás es simplemente otra forma de conquista, igualmente aborrecible e
inaceptable. Su meta es reforzar el poder del individuo, compartir el
poder en proyectos comunes. Como una faceta de su parentesco con la
naturaleza, experimentan su parentesco con las demás personas. Esta
relación sienta las bases para la conformación de comunidades a escala
humana y para afrontar con flexibilidad los problemas comunes. Estas
personas rehúsan vivir en un mundo compartimentalizado: cuerpo y mente,
salud y enfermedad, intelecto y sentimientos, ciencia y sentido común;
grupo e individuo, cordura y locura, trabajo y esparcimiento. Luchan
más bien por una vida totalizadora, donde pensamiento, sentimiento,
energía física, energía psíquica y energía curativa estén
integrados en la experiencia. Tales individuos son fundamentalmente
indiferentes a las posesiones materiales, al confort y a las
recompensas. El dinero y los símbolos del status material no son su
meta. Son investigadores, su búsqueda es, por naturaleza, esencialmente
espiritual. Son conscientes y están influenciados por ritmos del
universo. Están a sus anchas con la energía psíquica, con las
experiencias místicas y meditativas. Desean hallar un propósito y un
sentido que trascienda lo individual. Estas personas están abiertas al
mundo interior y exterior. Están abiertas a la experiencia, a nuevos
modos de percibir, a nuevas maneras de ser, nuevos conceptos e ideas y a
un nuevamente descubierto mundo de sentimientos.
Encuentro que estas personas valoran la comunicación como un medio para
juzgar las cosas como son. Rechazan la hipocresía, el engaño y la
ambigüedad de nuestra cultura.
Estas personas son solícitas, deseosas de ayudar a todos cuando hay
necesidad. La suya es una atención gentil, sutil, no moralista.
Desconfían de los profesionales de la ayuda. Tales individuos manifiestan
su antipatía por cualquier institución burocrática,
inflexible y sumamente estructurada. Consideran que las instituciones
han de existir para la gente y no lo contrario.
Estas personas confían en sus propias experiencias y desconfían
profundamente de la autoridad externa. Hacen sus propios juicios morales
aun desobedeciendo aquellas leyes que consideran injustas.
Su vida está fundamentada en una filosofía coherente: una confianza
básica en la naturaleza, constructiva del organismo humano, el respeto
por la integridad de cada persona, la convicción de que la libertad de
elección es esencial para una existencia plena, la creencia en que la
comunicación armoniosa entre los individuos puede ser favorecida, un
reconocimiento de lo esencial que es la comunidad íntima para el
desarrollo de nuestra vida. Estas son algunas características que
observo en estas nacientes personas nuevas.
Soy bien consciente que pocos individuos poseen todas estas
características y sé que estoy describiendo a una pequeña minoría
del total de la población. Lo sorprendente es que personas con tales
características se sentirán muy cómodas en un mundo que consiste
sólo en energías vibrantes, un mundo sin bases sólidas, un mundo en
el cual la mente, en su sentido más amplio, sea simultáneamente
consciente y creadora de la nueva realidad. Serán capaces de vivir con
los diversos cambios de paradigma.
¿Podrán sobrevivir?
La tasa de mortalidad infantil entre
quienes se diferencian tajantemente de sus culturas, los que llevan en
sí mismos el fermento de una revolución de los estilos de vida, ha
sido siempre bastante alta. ¿Podrán sobrevivir estas nuevas personas?
Sin duda, se enfrentarán con una considerable oposición. En ciertas
culturas serán oprimidos y se intentará suprimirlos de diversas
maneras. Significarán una amenaza para las organizaciones burocráticas
(el estado, por ejemplo) puesto que sus valores son diferentes, porque
pretenden participar en las decisiones que los afectan, porque se
reservan el derecho de elaborar sus propios criterios éticos. Serán
menospreciados por la mayoría de nuestras instituciones educativas,
pues tales personas otorgan a los sentimientos la misma importancia que
al intelecto, porque desafían las tradiciones y por lo tanto no pueden
ser convertidos en dóciles conformistas.
Serán un rompecabezas para las corporaciones y el mundo de los
negocios, pues no aceptan ser controlados mediante promociones en las
escalas de salarios y porque, para ellos, las personas tienen prioridad
a los beneficios materiales. Serán inadaptados en esta cultura
tecnológica que enfatiza su intento de adaptar al hombre a la máquina
y pretende devorar a todo lo natural, para escupir luego los
subproductos tóxicos sin ninguna consideración para con las
generaciones venideras.
Las nuevas personas incomodarán enormemente a los seguros poseedores de
la verdad. El "verdadero creyente", sea un dogmático de
izquierda o de derecha, no puede aceptar ni comprender a la persona
abierta siempre en la búsqueda, porque no cree poseer todas las
verdades. Tales personas asustarán a muchos de nosotros, pues presagian
cambios radicales y la posibilidad de cambio provoca el terror y la
furia de muchos. No; las nuevas personas no tendrán una época fácil.
Su infancia será un tiempo de esfuerzos y penas. Pero poseen un
elemento que alimentará su fortaleza. Es el hecho de estar del lado del
futuro; pueden vivir cómodamente ante la perspectiva de cambios
fantásticos. La física teórica no podrá ser suprimida. El bio-feedback
tenderá a progresar, no a desaparecer. Los conocimientos sobre modos de
desarrollar el potencial humano seguirán acrecentándose. Los nuevos
métodos científicos no se vaporizarán. Los grandes cambios en nuestra
percepción del universo están aquí. Nos desafiarán querámoslo o no.
Nos cambiarán. Y aquellos que logren desenvolverse en tales nuevos
modelos, tendrán una gran oportunidad de supervivencia. A menos que nos
autodestruyamos; nos deslizaremos inevitablemente hacia un mundo nuevo,
a pesar de todas las actuales perturbaciones. Desearía bocetar mi
sueño por muy idealista que parezca acerca del mundo hacia el que nos
dirigimos. Este nuevo mundo será más humano y humanitario.
Explorará y desarrollará la riqueza y capacidades del espíritu
humano. Generará individuos más integrados y totales. Será un mundo
que valore a la persona, el más grande de nuestros recursos. Será un
mundo más natural, con un renovado amor y respeto por la naturaleza.
Desarrollará una ciencia más compleja y más humana, basada en nuevos
y menos rígidos conceptos. Su tecnología estará encaminada a mejorar
al ser humano, antes que a explotar la naturaleza y a las personas.
Liberará la creatividad a medida que los individuos confirmen su poder,
sus capacidades, su libertad.
Los vientos de cambio cultural, social y científico están soplando
vigorosamente. Las enormes perturbaciones de la sociedad contemporánea
forzarán la transformación hacia un sistema nuevo, más coherente. Un
renovado amor por la naturaleza y por cada persona, una comprensión de
la unidad espiritual del universo, parecen emerger con esa nueva visión
del mundo. Avizoro un mundo donde haya un lugar para una persona más
completa e integral. Esta es, al menos, mi más profunda esperanza.
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