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John explicó que se trataba de "ir para adentro" pero sin
perder el contacto con el afuera; ésta es, además, la base de la
terapia que él propone.
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... Esa fue mi oportunidad para estallar. Me quejé diciendo que
no había viajado 11 horas en avión, dejado a mi familia y mi
trabajo... para estar sentada en un almohadón respirando. "Esto yo
lo hago en Buenos Aires...",
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Lo
que impacta
en la actitud "welwoodiana"
es ese modo de
renunciar al hacer, en beneficio de la experiencia de ser.

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El se resiste suave y firmemente a cualquier argumento que pueda
esgrimir el paciente, y de la misma forma, evita inducir a cualquier
acción expresiva.
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Una
semana con John Welwood
La
presencia incondicional
por
Silvia Salinas
Hace
alrededor de 10 años, buscando en las librerías de Nueva York, encontré
un libro de John Welwood y tuve esa sensación que pocas veces se
produce: haber encontrado un autor capaz de ponerle palabras a emociones
y pensamientos que ya circulaban dentro de mí. A partir de ese momento,
empecé a buscar la manera de estudiar con él y tiempo después descubrí
que estaba dando una formación
para terapeutas en el Omega Institute. Desde entonces viajo por una
semana al año para la formación que él brinda.
Nunca
olvidaré la primera vez que me encontré allí, entre 50 personas que
practicaban distintos abordajes, la mitad de las cuales ya venía tomando
este entrenamiento desde hacia varios años. Estaba el presidente de la
Asociación Psicoanalítica de Nueva York, terapeutas transpersonales,
gente que practica la terapia narrativa... Yo me sentía extrañísima
en ese lugar al que acuden muy pocos extranjeros, y donde ninguno de los
presentes hablaba español.
A
pesar de que estábamos reunidos en un lugar bellísimo, un octógono de
vidrio en medio del bosque, al principio fue duro estar allí. La mayoría
contaba con sus almohadones de meditación y sus mantitas para
abrigarse, mientras que yo no había llevado nada adecuado como para
permanecer sentada meditando, a lo largo de largas sesiones. De todas
formas, me acomodé como pude y atendí a lo que John nos explicó
acerca de la meditación Shambala, que es la que practicaríamos a lo
largo de toda la semana. Esta meditación consiste en estar sentado con
la columna recta, observando la exhalación y manteniendo los ojos
abiertos.
¿Con los ojos abiertos?, pensé. No era esa la forma en que yo
acostumbraba meditar. Como si hubiera escuchado mi mudo interrogante,
John explicó que se trataba de "ir para adentro" pero sin
perder el contacto con el afuera; ésta es, además, la base de la
terapia que él propone. Y añadió que a partir de esta propuesta es
que no concuerda con tantos grupos de meditación que tienden a
"saltarse" la realidad y buscan entrar en otros estados de
conciencia sin haber atravesado los problemas del ego. Subrayó la
importancia de no obviar los conflictos psicológicos y los problemas
cotidianos: "son la vía regia para acceder a nuestro verdadero
ser".
Los
dos primeros días fueron de pura meditación. Nos sentábamos de 9 a 12
a meditar, parábamos para almorzar y luego nos sentábamos de 14 a 17,
interrumpíamos para cenar y luego nos sentábamos nuevamente, de 19 a
20.
Al
tercer día, antes de empezar la meditación, John pregunto cómo nos
sentíamos. Esa fue mi oportunidad para estallar. Me quejé diciendo que
no había viajado 11 horas en avión, dejado a mi familia y mi
trabajo... para estar sentada en un almohadón respirando. "Esto yo
lo hago en Buenos Aires...", exclamé, añadiendo que mi motivación
era aprender trabajar con
su técnica de la Presencia Incondicional; sin embargo, ya habían
pasado 2 días y no había aprendido nada. Estaba realmente furiosa,
lamentando haber gastado en un viaje que no me servía "para
nada" y que hasta ese momento sólo me había brindado dolores en
el cuerpo.
Fue
entonces cuando John me pidió que pasara al frente, me invitó a
sentarme en una silla enfrente de él y simplemente me dijo que me
conectara con lo que me estaba pasando. Cuando comencé a hablar de mi
furia, dijo: "no la actúes, solo obsérvala, dale espacio adentro
tuyo"
Esto
era algo muy nuevo para mi, ya que provengo del campo de la gestalt,
donde tendemos a expresar los sentimientos, y resulta que ahora se me
pedía que simplemente los observara, sin "sacar para afuera".
Lo
que sucedió entonces es difícil de poner en palabras; simplemente
empezó a cambiar mi respiración y me encontré ubicada en un nuevo
lugar interno.
Desde
entonces, cada vez que me conectaba con alguna emoción durante el
trabajo, la intervención de John era la misma: "dale un espacio
dentro de ti; sin actuar, sin expresar". El estaba absolutamente presente, y eso me daba confianza
para navegar en mi interior hasta lograr algún contacto nuevo conmigo
misma.
Así
fue como entendí, mas que nunca, lo que es la presencia del
terapeuta; y a eso había venido yo , a aprender cómo tener esta
actitud con los pacientes. Fui dándome cuenta cómo John no se
"engancha" con ningún argumento; sólo le pide a la persona
que se quede donde está, dejando que lo que es, sea.
Después
de esta experiencia, meditar fue otra cosa: ya no me dolía el cuerpo,
ni necesitaba revolverme, inquieta, durante las meditaciones. Y con este
nuevo espíritu transcurrió el resto de la semana. Día a día volvía
a comprobar que para mí resultaba una bendición poder aprender con
alguien que había profundizado en la búsqueda de respuestas para
interrogantes que yo me formulaba hacía tiempo. Siempre pensé por
ejemplo, que cualquier problema psicológico es, en ultima instancia, un
conflicto entre la personalidad con la que nos identificamos y nuestra
esencia, pero éste no es un planteo que muchos comparten en el ámbito
de las psicoterapias. Y de eso, precisamente, habla Welwood.
Después
de esta primer experiencia, vuelvo todos los años (ahora sí, muñida
de mis almohadones de meditación y mi mantita), y cada vez es
diferente. Para mi va siendo un cambio en mi manera de trabajar y
trabajarme, hasta tal punto que este año comencé a formar terapeutas
en esta línea con la que me siento identificada.
Mis
pacientes antiguos notan la diferencia y algunos demandan más
conocimiento acerca de lo que Welwood denomina la "presencia
incondicional". Para ellos, y para muchos que buscan la confluencia
de caminos psicoterapéuticos y espirituales, vale la pena internarse en
esta mirada.
Según
Welwood, los problemas psicológicos son en ultima instancia
espirituales, o sea síntomas que aparecen basados en el dolor que nos
causa el separarnos de nuestro ser. El terapeuta tiene la oportunidad de
ayudar a los pacientes a recuperar el contacto con el ser profundo que
anida en ellos, pero para lograrlo, tiene que estar en contacto con su
propio ser y observar cómo se manifiesta.
Así
es como surge en el profesional la necesidad de estar incondicionalmente
presente, abierto a la experiencia de ser, para servir como modelo en la
exploración libre de las profundidades de la experiencia humana.
Lo
que impacta en la actitud "welwoodiana" es ese modo de
renunciar al hacer, en beneficio de la experiencia de ser.
El se resiste suave y firmemente a cualquier argumento que pueda
esgrimir el paciente, y de la misma forma, evita inducir a cualquier
acción expresiva. El objetivo es que la
persona acepte plenamente y sin juicios lo que está sucediendo
en cada momento. Sostiene que nuestras mayores dificultades se originan
cuando nos separamos de nosotros mismos, debido a que no nos
"gusta" los que nos pasa o sentimos. En ese contexto, todo lo
que hay que hacer es recuperar nuestra experiencia, permitirla en estado
de observación.
Nada
ni nadie mueve a Welwood de esta actitud, no importa cuantas personas
estén trabajando con él, ni cuántos sean los conflictos, las
"rabietas" o las angustias que algunos puedan vivenciar al ser
"torturados" por horas y horas de estar sentados en silencio.
Desde
esta perspectiva, resulta interesante ahondar en ciertos conceptos que
sirven no sólo a los psicoterapeutas sino a cualquier persona
interesada en encontrar su centro.
*
La presencia incondicional no es una técnica: es una manera de ser o de
estar, basada en enfrentar lo que hay, reconocerlo, dejar que esté y
que sea.
*
La idea es disolver los nudos, las ideas, los conceptos, las historias
que nos tienen capturados. À Cómo se logra?:desarrollando la capacidad
de estar presentes. À Dónde? En cada lugar del cual queramos huir o
utilizar para culpar a otro.
*
Ese lugar donde no queremos estar (el sentirnos mal, inadecuados, ridículos,
no queridos, no mirados, avergonzados) es el lugar donde nunca
aprendimos a estar, porque nadie nos enseño. Creemos que la única
salida es reaccionar (culpar,
huir de nosotros mismos). Y porque venimos haciendo lo mismo durante
muchos años, hay "lugares" nuestros que han quedado
abandonados. Sobre todo, el gran lugar que alberga la desconexión de
nuestro ser: allí sólo hay un agujero. Y nos contamos historias sobre
lo peligroso que es volver a ese lugar; nos imaginamos que hay una gran
oscuridad allá, un agujero negro en el que podríamos desaparecer.
*
La gran paradoja es: lo que hay en ese lugar es falta de presencia; por
eso tenemos que aprender a estar presentes allí. Vamos a curarnos a
nosotros mismos en ese lugar. Si podemos estar presentes en ese dolor,
en esa tristeza, en esa vergüenza..., en ese lugar donde no habíamos
permanecido, allí precisamente podremos comenzar a encontrar nuestra
base, nuestro asiento, nuestro ser.
*
El obstáculos son las historias que nos contamos:"si me meto en mi
pena , nunca voy a salir de allí", "si me entrego a este
dolor, voy a quedar atrapado allí".
La
realidad es que probablemente en nuestra infancia no tuvimos a nadie que
contuviera esos pesares, pero ahora nosotros podemos hacerlo con nosotros mismos, si le
perdemos el miedo a nuestras emociones. En la práctica dela presencia
incondicionales posible contener cualquier emoción que experimentamos,
de una manera tal como nunca fueron contenidas cuando éramos niños.
Esto
es lo que necesitamos descubrir experiencialmente.
*
Para la presencia incondicional, tiene que haber una intención de
conectarnos con un determinado sentimiento con el que nos sentimos incómodos.
Y no escaparnos de él como solemos hacer.
Tiene
que haber una predisposición a ahondar y ver lo que hay, por ejemplo,
por debajo de la tristeza. Y si realmente no queremos meternos allí, el
paso siguiente es profundizar en nuestro no querer ver que hay allí.
Podemos, y necesitamos, dar espacio interno a "cualquier cosa"
que estemos experimentando, sin tratar de "arreglarla" o
cambiarla.
La
aceptación viene del ser, no es algo que podamos hacer nosotros. Lo que
sí podemos hacer es abrirnos de lleno a lo que esta allí, para no
mantener una barrera entre nosotros y la experiencia.
* ¿Qué es el estado de presencia? No es nada "sagrado" en
comparación al pasado o al futuro. Tampoco consiste únicamente en
estar en el aquí y ahora (lo cual constituye sólo un paso en el camino
para lograr la presencia).
Lo
que le da una cualidad distinta al presente es que aquello que es real
en mí, sólo se manifiesta en el presente.
Y
esto real es nada menos que mi ser.
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