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¿Gestalt Latinoamericana? Por
Nora A. Guinsburg
Marta
Fischman Slemenson
es psicóloga y socióloga, formada en las universidades de Buenos Aires
y de Berkeley, con más de cuarenta años de formación
post-profesional. Enseñó en las universidades de Buenos Aires, de
Belgrano, del Salvador, de la Empresa, etc. Fue investigadora invitada
en el Instituto Torcuato Di Tella. Es cofundadora de la Asociación Gestáltica
de Buenos Aires (AGBA) y fue la primera directora de su Escuela de
Postgrado. Después de desempeñar diversos cargos en AGBA, fue nombrada
Socia Honoraria y forma parte del cuerpo docente de la institución. Marta
me recibió en un espacio amplio y confortable, en el que hay muchos
lugares abiertos por donde transitar con libertad. Así es ella,
generosa y disponible para compartir sus conocimientos y su búsqueda
constante. Ya
hace bastante tiempo que venís participando en encuentros, jornadas y
congresos de gestalt con terapeutas de otras partes lejanas del planeta.
¿Qué podrías contarnos de cómo trabajan en distintos países o
regiones? No
me agradan demasiado las generalizaciones, ya que en cada país se dan
corrientes diferentes en forma simultánea. Pero sí es cierto, que han
empezado a aparecer artículos que cuestionan, por un lado, el énfasis
excesivo puesto en las minucias de lo teórico, sin suficiente validación
clínica. Y, por el otro, el insuficiente avance de la Terapia Gestalt
en diferentes países. Esto parece haber llevado a una polarización en
las ideas entre quienes cierran aún más el campo de la teoría y
quienes intentan abrir su marco teórico a otros aportes (debidamente
integrados, masticados, diría Fritz Perls). Mi posición personal,
explicitada en distintos artículos, es que no me interesa tomar posición
en esas discusiones que no nos representan. ¿Pensás
que la investigación clínica ayudaría a resolver la tensión entre
estas dos tendencias? No
sólo la investigación clínica sino la investigación de cualquier
tipo. Cuando hay un exceso de investigación teórica -como creo que la
ha habido- hasta un cierto punto se abren los márgenes del marco teórico.
Pero si esto se hace excesivo comienzan a faltar situaciones de
investigación concreta, clínica o no. Por ejemplo en este momento
hemos formado un grupo de investigación cuya pregunta básica es “si
existe una gestalt que podríamos llamar latinoamericana”. Más que
una pregunta es una hipótesis. ¿Cómo serían sus características y
qué orientación en la metodología de trabajo deberíamos tener? Y
esta investigación puede ser clínica o no. No me quiero adelantar a
esto porque es un trabajo que estamos haciendo. Yo creo en términos muy
generales que en América Latina es muy difícil hacer investigación
cuantitativa al modo de los modelos médicos. Para ser representativa
una metodología de base estadística necesita una cantidad importante
de dinero sobre la que apoyarse. Esto hace que una investigación humanística
independiente en países que no son del primer mundo tenga que buscar
otros caminos, por ende otros marcos teóricos. Y este es un poco el
trabajo que estamos desarrollando. ¿Cómo
surgió en vos la iniciativa de crear una red cibernética de comunicación
entre terapeutas y centros gestálticos de Latinoamérica? Fue
un proceso gradual. Posiblemente comenzó reflexionando sobre la
globalización en la conferencia que preparé para iniciar el Encuentro
Nacional y la Mesa Latinoamericana, que organizó AGBA en 1999. La
pregunta que nos hicimos fue: ¿cómo tomar lo bueno de un proceso
inevitable, en vez de quejarse por su existencia?. Por
otro lado, siempre me interesó aumentar la presencia de jóvenes
profesionales y su interconexión en congresos y revistas
especializadas. La
suma de ambas reflexiones desembocó en la posibilidad de crear redes de
conexión para aquellos que no llegan –principalmente por razones económicas-
a los encuentros nacionales e internacionales. Teníamos
un listado importante de instituciones gestálticas en América Latina,
a través de la tarea de intercambio que AGBA propugna hace tiempo. Se
trataba de completarlo y sobre todo, de descubrir temas de interés
compartido para ligar a quienes los detentan, y de ese modo facilitar el
intercambio intelectual y esperamos la presentación de trabajos monográficos
y de investigaciones entre distintos países. Hace
veinte o treinta años atrás los gestaltistas éramos unos locos, casi
podría decir un grupo marginal. Esto varió sustancialmente. ¿Cómo
entendés este cambio? A
los pocos años que la gestalt llegó a la Argentina de la mano de la
Nana (Adriana Schnake) en el año ‘71, recogió a mucha gente que se
había visto obligada a renunciar o a alejarse de la universidad durante
el proceso militar. Es mi caso y el de otros, como Kita Ká y Myriam Sas
de Guiter.Y nos dio un lenguaje que era familiar para nosotros. Algunas
veces, hablando con Myriam o con otros que estamos juntos desde aquella
época, tenemos la sensación de que nos encontramos con la gestalt como
diciendo: “¡Ah!... ¡esto
es!... se parece a lo que yo siempre supe, o siempre quise”. (Algo
de esto conté en el Congreso de Río de Janeiro –octubre del 2000- en
el que participé en la mesa de apertura. Mucha gente de la que se acercó
a la gestalt venía presionada por ese nexo tan asimétrico en el que
una persona representa el que sabe y el otro el que recibe ese saber. El
psicoanálisis ha cambiado mucho, y ya no es más el de ese entonces. Yo
he sido paciente de diván cinco veces por semana al comienzo, tuve doce
años de diván entre una cosa y otra, y tengo muy claro el nivel de
control que esto implicaba. Tuvimos
la suerte que este mensaje de la gestalt llegara a nosotros por la Nana,
que es muy abierta y muy poco formal... yo diría transgresora. La
palabra que define nuestro primer encuentro con la gestalt fue la
transgresión. A nosotros nos llegó un Perls que era un epítome de la
libertad y la transgresión, y eso fue muy bueno. Coincidió con un
momento muy especial. Para mí fue sorprendente en EE.UU. y en Europa,
primero toda la discusión sobre si Perls era o no la gestalt, y después
esa necesidad de maquillar a la gestalt y hacerla respetable. El hecho
de que yo no avale esto no significa que no entienda que en el presente
(y la asociación gestáltica da cuenta de ello) la gestalt necesite a
la universidad para darle respetabilidad y que sea una de las cosas que se enseñen en la universidad
con el mismo nivel que otras formas terapéuticas. Creo que hay colegas
que va a hacer esto. Yo ya he cumplido en demasía mis años de docente.
Para mí la gestalt muere como muere una flor que no tiene aire cuando
deja de respirar transgresión, transgresión entendida no como rebeldía
sino como libertad para el cambio y la creatividad. Sólo las
universidades que pueden trabajar en contextos muy libres permiten este
proceso sin ahogos dogmáticos. Creo que se olvida a veces que Perls
tuvo la capacidad de dejar
un marco teórico abierto, a riesgo de que lo acusen de ser poco teórico
y empirista. Con esto nos hizo un profundo y maravilloso regalo.
Nosotros aprendimos que un marco teórico cerrado es equivalente a
edificio científico bien construido. Yo no creo que esto sea
necesariamente así. El conocimiento es siempre autocorrectivo y
progresivo. Y una de las cosas muy inteligentes de Perls fue
enfatizarlo. Laura Perls dice que cuando un conocimiento está bien
masticado e integrado ya ni lo percibimos, y al quedar incorporado
necesariamente a nuestra forma de trabajo deja de ser gestalt y pasa a
ser la gestalt que cada uno hace. Esto lleva inevitablemente a un marco
teórico abierto. La
gestalt deja de ser gestalt cuando se le ponen parches. Para agregar
cosas, para poder transgredir, salirse del marco teórico habitual, es
necesario masticarlo mucho y entonces lo entregamos como una de estas
cosas donde ya no sabemos qué es lo nuevo. Porque lo que cambió es
toda la gestalt. Yo siempre tengo presente esto en la supervisión. A
veces hago un diagnóstico de algo que veo y la gente me mira asombrada
y me dice “¿y esto de dónde lo sacaste?” Puedo hacer una transmisión
muy explicativa y muy teórica de cómo me di cuenta de esto y de
aquello, transformarlo en algo racional.
Pero la verdad es que cuando uno intuye algo es un fenómeno de
aprehensión holístico. Recién después pienso cómo lo hice
para poder calmar la pregunta. La espontaneidad que nos permite
transgredir es el resultado del aprendizaje.
Si perdemos esto, si tratamos de convertir la terapia gestalt en
una terapia a al manera de otras “más respetables”, creo que ahí
perdemos la esencia de la gestalt. Me parece que el nacimiento que tuvo
la gestalt tan fuera de los claustros universitarios tuvo algo negativo,
porque esta situación duró muchos años y en algún momento nos
quedamos un poco cerrados. Se perdió esa apertura al conocimiento, que
es justamente el aspecto positivo. ¿Querés
decir que, tanto si se “adapta” a las formas universitarias como si
se polariza y se cierra, se hace entrópica? Exactamente.
A mí me preocupa, por ejemplo, que los estudiantes de hoy no sepan
idiomas, pese a que la universidad lo exige. Yo no creo que sea
necesario leer para permeabilizarse a esos conocimientos. Hay que leer
para elegir. Para poder decir en qué sentido hay o no una gestalt
latinoamericana, tengo que saber cómo es la nuestra
comparada con las otras. Si no conozco otra cosa, ni siquiera
puedo decir si me gusta más o me gusta menos. Me tengo que quedar con
esta porque es la única posibilidad. No digo tomar posición “en
contra de”, sino saber lo que es propio. Creo que es importantísimo
saber lo que pasa en otras partes del planeta. Esto
que decís sobre la universidad y tu interés por la participación de
los jóvenes profesionales cuestiona la noción de poder. Yo
creo que es indiscutible que en todo tipo de profesión se manejan
situaciones de poder. Me parece que esto es tanto más evidente cuando
son países como los nuestros donde las posibilidades de ascenso y las
oportunidades de trabajo no siempre abundan. A
nivel universitario la carencia de concursos y otras situaciones hacen
que la gente que está en la cumbre del poder sepa que, si deja ese
espacio y lo ocupa otra persona, no queda muy claro si va a haber un
espacio superior –que es lo que debería ser- para aquellos que están
en lo alto de la pirámide. Esto crea una tendencia a quedarse en los
lugares que uno ocupa, con lo cual los jóvenes prácticamente quedan
fuera de esta elección. En este sentido siempre me ha parecido que nos
perdemos voces muy importantes que son la fuerza viva de cualquier
profesión, no sólo de la nuestra. Siempre me ha interesado -quizás
porque tengo tantos años de docencia- el aporte, la frescura, la
inteligencia de la gente joven y su posibilidad de ver las cosas parándose
en un lugar distinto. En
la forma de supervisar, que yo llamo “intervisar”, siempre he estado
muy orientada a la posibilidad de movilizar ese interés y curiosidad y
plasmarla de alguna forma. Me parece que es terriblemente enriquecedor
para los que supuestamente somos “los que sabemos”. Leí
cosas muy interesantes que escribiste sobre la “intervisión”. ¿Podrías
hacer una síntesis de tu propuesta al respecto para los lectores de
Fritzgestalt? Sí,
es muy simple. Es poner en palabras lo que yo creo que es un proceso
docente. Supervisar por definición quiere decir visar o revisar desde
arriba. Esto implica una situación asimétrica. Intervisar significa
revisar entre pares. O sea, una situación horizontal. Nosotros
tenemos una escuela para graduados psicólogos, médicos, y gente que
trabaja con gente. Desde el comienzo el alumno tiene la posibilidad de
trabajar en cogestión, con sus pares. Primero lo hace supervisado.
Cuando el alumno termina su formación debería ser capaz de intervisar,
de trabajar entre pares. Esto implica renunciar a los maestros en un
momento dado del camino. El alumno ideal, el alumno soñado para
cualquier maestro -como dice Osho- no es aquel que nos repite o nos
sintetiza. Es aquel al que vemos atravesar una ventana y desaparecer, es
aquel que nos supera. Y los maestros que solemos ser generosos en el
crecimiento, tenemos luego problemas
para separarnos de los alumnos. Cuando nos dejan de necesitar, parecería
que los perdimos. Es como con los hijos. No los perdemos, vuelven con un
mensaje distinto. La
intervisión es claramente supervisar entre pares. Cualquiera que tenga
una dificultad profesional o de cualquier índole en su vida debería
poder gozar de los beneficios de la supervisión. Así aprendí muchas
cosas sobre temas que no conozco, como lo hace cualquier profesional.
Generalmente empiezo supervisando y termino intervisando. Intervisar
incluye el mutuo aprovechamiento, para el que supervisa y para uno
mismo. Desde
hace muchos años, con palabras y ejemplos, en la universidad enseñan
que el terapeuta tiene cierto poder dado por la asimetría de la relación
con sus pacientes y supervisados.
Aún
los terapeutas gestálticos, que conscientemente intentamos democratizar
la relación terapeuta-paciente no podemos evitar una cierta relación
transferencial. Aunque eso depende casi más de los terapeutas que del
marco terapéutico que se utilice. Hubo una época en que esta
influencia era mayor. Tanto así que uno de los “chistes” de nuestro
folklore porteño es: “lo voy a consultar con mi terapeuta”. ¿Y
cómo influyeron estas experiencias en tu comprensión de la terapia
gestáltica y en tu modalidad de trabajo con otros? Me
parece que quienes influyeron en mi modo de trabajar fueron los que me
formaron en los primeros años de desarrollo. Siempre se puede aprender
algo nuevo, pero creo que la incidencia en un "estilo" es
progresivamente menor, ya que éste sintetizará la suma de nuestra
experiencia profesional y de vida. Lo que creo que cambió es mi
creciente convencimiento de que el espacio en que se encuentran el
individuo y su contexto, en las realidades de los países de América
Latina, amerita una observación diferente por nuestra parte. Contanos
algo de tus primeros maestros Tengo
un gran reconocimiento por los que me ha enseñado en los distintos
ordenes de la vida. Y creo firmemente en al idea de Laura Perls de que
el profesional que somos es la suma integrada de todos los aspectos de
la vida, no sólo de la experiencia clínica o teórica. (Marta
se levanta y trae un ejemplar de su libro “Con el prisma de la
Gestalt”) Yo te voy a leer lo que está en la contratapa de mi
libro porque creo que esto representa bastante bien lo que pienso. (Lo
lee, y continúa respondiendo)
En este momento me parece que tendría que haber agregado acá el
aprendizaje con mis hijos, y con mis nietos. A medida que la experiencia
se va decantando te das cuenta que lo que sos como terapeuta tiene tanto
que ver con aquellos maestros que tuviste a nivel emocional, o que
amplificaron tu conocimiento del mundo y de la realidad, como con los
que específicamente trabajaste en lo profesional. Inicié mi contacto
con las artes cuando tenía cinco años de edad. En esto coincido
nuevamente con Laura Perls. Mi formación en danza, en pintura, en cerámica,
en teatro, mi formación en otras cosas que después se sintetizaron en
un conocimiento profesional dado en la facultad, todo esto yo lo puedo
presentar desde el lugar profesional. Pero a mí me parece que es
mucho más importante lo que me aportaron a nivel humano. En muchos
sentidos la gestalt en su ejecución es una forma de arte, tanto como
una ciencia –ciencia en un sentido relativo -. En esa forma de
arte hay aspectos de la intuición que tienen que ver con la
sensibilidad que uno conserva frente al mundo. Lo mismo con mis
experiencias de vida. Sé que en el momento en el que fui madre todo
cambió en mi forma de trabajar. Igualmente sé que mis experiencias
como abuela me cambiaron. Recuerdo mi simpatía cuando Marcela Miguens
empezó a hablar del “abuelazgo”. Una de las experiencias
culminantes en mi vida , y por ende en mi profesión, fue el momento en
el que tuve a la hija de mi hija en brazos. Nunca había pensado en
tener una hija mujer. Y nunca había pensado que la hija de una hija
mujer creaba un lazo tan especial. Estas experiencias deberían ser
incluidas tanto como los curriculum formales cuando uno habla de sus
maestros. Yo fui muy afortunada en cuanto a maestros, he tenido la
posibilidad de sentirme muy cerca de la gente que me formó. En este
sentido me favorece mi edad. Un ejemplo es haber estudiado psicología
en Berkeley cuando éramos raros los latinoamericanos en EE.UU. , cuando
era “la argentina mujer de Berkeley”. Hoy por supuesto que los
argentinos en EE.UU. son muy conocidos. Lo mismo me pasó en Europa.
Mi vida me ha dado muchas oportunidades, y creo que las aproveché.
Incluso alguna gente me miraba con una cierta sorpresa, como si
hubiese sido de las primeras en algunas cosas. Quizá también porque
estaba en mí no ser demasiado respetuosa en el sentido formal. Siempre
me he sentido cómoda y he podido hablar de igual a igual con aquellas
personas que me enseñaron, aún antes de conocer a la gestalt. Esto me
dio eso que yo quisiera ver ahora en los jóvenes, me liberó para una
posibilidad creativa. No es que no haya pasado mis momentos de
respetuoso shock en un principio con cualquiera de ellos, incluyendo
la fascinación, la confianza total, pensar que nunca estaré a la
altura. Pero yo diría que poco a poco esto no era tanto que desaparecía
sino que dejaba de ser
importante. Mis maestros más significativos
son los que me enseñaron y me dieron la libertad de pensar
independientemente, me abrieron las puertas de mi propio pensamiento y
creatividad frente a situaciones nuevas sin establecer comparaciones
evaluativas. Estos fueron los verdaderos maestros. Cuando era chica mi
papá viajaba mucho en barco, al menos dos viajes anuales de unos tres
meses cada uno. Para llenar el tiempo que se me hacía interminable a
partir de los cinco años leía libros en francés o en castellano y se
los resumía y los ilustraba en mis cartas. El resumen y el dibujo que
más le gustaban tenían un premio. Agradezco a mi institutriz haber
incentivado esta creatividad que más tarde me fue tan útil. La gente
joven escribe poco porque siente que tiene que escribir para el premio Púlitzer.
Si uno aprendiese a transformar en palabras sus conocimientos sin tratar
de “editarlos” sería mucho más fácil escribir. En la enseñanza
universitaria argentina los alumnos cumplen las exigencias haciendo
pesadas monografías saturadas de citas bibliográficas. Recuerdo que en
EE.UU.. me decían: “Esta es parte de la bibliografía. Está bien,
pero nosotros ya leímos los libros. No cites. Queremos algo breve que
sea el fruto de lo que vos pensás sobre eso que leíste”. A veces,
cuando le contaba los libros que leía a mi papá, los inventaba. Y
recuerdo que una vez me ofendí muchísimo porque había inventado sobre
un personaje, una tal Sofía que hacía diabluras que yo imaginaba, y mi
institutriz creyó que era una forma de mentir. No se daba cuenta que
estaba desarrollando mi
propia creatividad. Creo que así como los niños tienen esa capacidad
de percepción extrasensorial que
los adultos perdemos cuando la sociedad nos va delimitando lo que está
bien y lo que está mal, aprendemos a ver lo que nos enseñan a ver y
reprimimos esa capacidad de percepción que todos tenemos. Lo mismo
sucede con la creatividad. Los terapeutas en Latinoamérica, por muchas
razones, nos exigimos ser más creativos que en otras partes. Cuando
cotejamos la creatividad con lo que dijo otro, o nos cuestionamos hasta
qué punto es “suficientemente novedoso o científicamente
indiscutible”, perdemos nuestras posibilidades y libertades que
incluyen claramente el
derecho a equivocarse. Esas
diferencias entre las distintas regiones, a tu criterio, se deben al
entrecruzamiento con los enfoques psicoterapéuticos predominantes en
cada lugar, a las necesidades emergentes en las diferentes realidades
socioculturales que los pacientes traen a consulta, o a qué? Las
razones son complejas, seguramente incluyen los factores socioculturales
que mencionás y también otros, biográficos e históricos, que merecen
estudiarse. Por ahora, lo más importante para mí es enfatizar que
ello resulta en lo que podríamos llamar una Gestalt Latinoamericana y
es importante que sea ésta la gestalt que llevemos a los distintos
Congresos. Es desde ahí que debemos hacer nuestros aportes. ¿Y
qué es lo que define la forma que va tomando la Gestalt Latinoamericana? De
alguna forma te lo contesté en preguntas anteriores, hasta donde quería
contestarlo. Yo diría muy brevemente que me parece que la gestalt
latinoamericana se caracteriza porque trabaja bastante con lo
imprevisto. Sale mucho más del consultorio cerrado. Trabaja mucho más
con lo comunitario y con situaciones que desbordan. El chico de la calle
existe en todas partes del mundo, pero es posible que nosotros tengamos
que resolver ese tipo de situaciones de crisis con mayor frecuencia. Y
creo que la gestalt latinoamericana sigue manteniendo -ya sea que lo
quiera o no- el hecho de no ser una especialidad socialmente
prestigiosa. Y esto permite un recuestionamiento permanente por parte
del terapeuta que constituye nuestra piedra de toque. ¿Cuál
es para vos la razón básica por la cual la gestalt no ha seguido un
crecimiento mayor en aquellos países en los que comenzó? Es
que trataron de hacer de la gestalt una teoría respetable, la
maquillaron. Con eso se pierde la transgresión que caracterizó a sus
creadores. No hablo sólo de Fritz Perls, hablo de Laura también, y
hablo de gente como Paul Goodman, que es uno de los creadores de lo que
es la “biblia europea de gestalt “,el famoso libro de Perls,
Hefferline y Goodman. Goodman era un “impresentable” en muchos
sentidos -y lo digo con simpatía-, un anarquista que se insertó
brillantemente en la gestalt en los años sesenta, y que después se
transformó en una especie de gurú social. En el excelente libro de
Taylor Stoehr, de cuya edición en castellano me invitaron a escribir el
prefacio, digo que me impacta mucho que lo recorten, que hablen de los
diez años de gestalt de Goodman como si hubiera un antes y un después
que fuese recortable. Esto es un absurdo. En toda vida está el
individuo como totalidad. No se puede hablar de Goodman si no se habla
del Goodman anarquista, del Goodman bisexual, del Goodman gurú social.
En Latinoamérica somos menos formales, menos “respetables” políticamente.
Esto nos abre más posibilidades creativas. Un ejemplo de ello es Memo,
Borja, el mejicano, “otro impresentable”. Cuando nos cuenta en su
libro lo que hizo en su estadía en la cárcel trabajando con psicóticos,
muestra cómo en situaciones
de crisis puede llegar al más alto rendimiento y nivel de profundidad.
Otro ejemplo lo tenemos en Argentina, en la que pese a los años del
proceso, a la guerra de las Malvinas, a nuestra desilusión económica y
política, la juventud estudiantil y profesional impacta por su
creatividad y capacidad de inserción que me parece mayor que la que vi
en otros países. ¿Cuándo
y cómo tendremos acceso a esa red cibernética latinoamericana? Ya
diseñamos un pequeño cuestionario que se completó en Brasil, y que
será codificado allí. Es una tarea simple pero que necesita la
colaboración de cada uno de nosotros y el convencimiento de que la red
cibernética es necesaria y útil. Esperemos que esté listo para fin de
año y sus resultados puedan apreciarse allí. Ello permitirá comprobar
si cumpliremos nuestro sueño de oír la voz de los ausentes. Sinceramente,
muchas gracias. Me llevo mucho más de lo que vine a buscar. Gracias
a vos.
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Reportaje: Nora Guinsburg para Fritzgestalt.com. |